El negocio minorista y la suba de precios
Las cadenas de venta minorista han experimentado en Argentina una fuerte concentración, un proceso en realidad de carácter global. ¿Es un factor que atenúa la inflación o, como creen otros, la agrava? En los últimos 20 años el sector de la comercialización minorista ha experimentado una internacionalización de su oferta en consumo masivo, la integración empresaria y la conformación de oligopolios que hoy representan, según algunos estudios, el 58,7% de la capacidad de ventas de alimentos y bebidas del país.El actual proceso inflacionario -que el gobierno cataloga como "deslizamiento de precios"- ha colocado al sector mercantil en una situación embarazosa frente a los sufridos consumidores, preocupados por el incremento del costo de vida.Y esto sobre todo a partir de que el gobierno atribuye la escalada de precios a la avaricia de empresarios y grandes cadenas de supermercados. Según esta interpretación, la concentración minorista atenta contra los bolsillos de los consumidores.El razonamiento es el siguiente: la imposibilidad de abastecer a la población por otros canales comerciales, permite a los supermercados desarrollar conductas especulativas, ligadas al desabastecimiento y el posterior aumento de precios.De esta manera las grandes tiendas, que ocupan una posición dominante en el mercado, en su afán de expandir ganancias, se han lazado ha capturar rentas excesivas de los consumidores.Sin embargo, existe la teoría de que si no fuese por esta concentración mercantil la inflación sería todavía mayor. Desde aquí se hace una comparación con la hiperinflación de fines de los '80, durante el gobierno de Raúl Alfonsín.Por entonces los almacenes de barrio eran mayoría, en conjunto explicaban el grueso de la trama del negocio mercantil. Y el hecho, justamente, de que los canales de comercialización estuviesen más dispersos, favorecía la remarcación de precios.Bajo este concepto los controles de precios, que es la estrategia utilizada por el gobierno de Cristina Kirchner para combatir la inflación, serían siempre más efectivos en un contexto de concentración económica.Es más fácil, en efecto, vigilar la conducta de unos pocos actores fuertes (en este caso las grandes cadenas de supermercados) que la de infinidad de negocios pequeños desperdigados.De hecho el anterior secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, decía tener controlada la inflación gracias a los acuerdos de precios que, a lo largo de la década, suscribía con los pesos pesados del sector, como el emblemático supermercadista Alfredo Coto.Por otro lado, el gobierno cree todavía que pactando con las cadenas de supermercados, a través del programa "Precios Cuidados", puede frenar la escalada de precios.La pregunta, entonces, es: ¿qué pasaría si el país tuviese hoy la oferta minorista diseminada en muchos negocios pequeños, como había en los '80? ¿Habría acaso mayor inflación?Para la autoridad pública, en suma ¿es más fácil controlar los precios en un contexto de concentración de las cadenas de venta? ¿O en un marco donde hubiese muchos canales de venta?Otra discusión es si el control de precios es un remedio efectivo contra la inflación. Porque están quienes piensan que este problema no es culpa de los comerciantes (no importan si son muchos o pocos).En este sentido se hace responsable al gobierno, que imprime cada vez más billetes porque no puede solventar sus gastos, y esto baja al valor real del peso.
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