El negocio redituable de financiar el consumo
Aquel que paga con tarjeta de crédito un determinado bien, termina pagando el doble. Hasta los supermercados y cadenas de electrodomésticos se quejan de que el negocio de la venta en cuotas es para quien financia.Un trabajo realizado por estudiantes de la facultad de Ciencias de la Administración de la UNER revela que el sistema de tarjetas de crédito encarece en un 50% anual el valor de las compras.La investigación -de la que se hace eco El Entre Ríos Digital- da cuenta que las compras financiadas pueden convertirse en una pesada carga para el bolsillo de los consumidores.Pero a la vez esconden un notable negocio para bancos y emisores de dinero plástico, que recuerda la práctica de la usura. La sobrecarga financiera de estas operaciones, según el estudio, está solapada.Así, las 50 cuotas mensuales con las que se puede pagar un electrodoméstico, por ejemplo, mediante una tarjeta de crédito, se publicitan como cuotas "sin interés".Pero en realidad, y en oposición a esa publicidad, "esta operación esconde numerosos gastos ocultos que impactan desfavorablemente en el costo efectivo para el consumidor", revela el estudio económico.Entre los costos ocultos figuran: diferencia entre el precio de contado y el precio de lista; gastos de mantenimiento, emisión y renovación de las tarjetas; la obligación de abrir y mantener una cuenta bancaria; los cobros por seguro de vida; la carga tributaria de la operación, a través de IVA y el Impuesto de Sellos.Todo ello, "sin mencionar las altas tasas que estas tarjetas cargan a sus clientes en caso de no abonarse la totalidad del valor de resumen mensual, financiándose la operación".La combinación de todos estos factores haría que "el verdadero costo financiero que el usuario debe soportar, en algunos casos, alcance valores de hasta el 3,5% mensual, lo que lleva a la tasa anual a niveles superiores al 50%", plantea el estudio.A todo esto, trascendió que el modelo de negocio de venta por cuotas sin interés -que provocó un boom de consumo de LCDs durante la fiebre mundialista- beneficia, fundamentalmente, a los bancos que financian las operaciones y no a las cadenas de distribución.Sucede que cuando se pacta una compra en cuotas con un comercio, en realidad lo que se toma es un préstamo personal con un banco o financiera."Son los bancos los que más ganan con este modelo de negocio", se quejó Daniel Fernández, presidente de Carrefour Argentina. En tanto que el supermercadista Alfredo Coto, dijo irónicamente: "Lo primero que hay que hacer es matar a los responsables de las áreas de marketing".Las cadenas de distribución aseguran que mediante estas operaciones ellas crecen en volumen y facturación, pero no en rentabilidad. Alegan que el negocio en realidad está en el interés que se cobra por la venta en cuotas a largo plazo.Se calcula que en Argentina hay 9 millones de personas que están endeudadas, por una deuda aproximada de 21.000 millones de pesos, a un promedio de 2.900 pesos per cápita.El fenómeno del consumo financiado es una de las grandes fuentes de renta de las entidades financieras en la Argentina, un país donde prácticamente es inexistente el crédito a largo plazo y para la actividad productiva.El dato es que las personas y las familias, a las que les cuesta ahorrar, para adquirir bienes de consumo deben endeudarse a tasas de interés estrafalarias, pagando un costo financiero altísimo.La banca argentina obtiene plusvalía de dos grandes negocios: la rentabilidad de los títulos públicos, en sociedad con el Estado, y los créditos personales vinculados al consumo.
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