El ocio vacacional puede ser un tormento
En un mundo sobreestimulado, signado por el activismo, se ha vuelto difícil disfrutar de la perspectiva del receso. Los psicólogos ya hablan de "fobia a las vacaciones". "Si bien para muchos el período vacacional es un momento para desconectarse de la rutina y del estrés, para otros es sinónimo de angustia y depresión. El cambio brusco que significa pasar del trabajo intenso a la inactividad les provoca un miedo irracional que no pueden controlar". Eso explicó Roberto Ré, psiquiatra y director de la Red Sanar, una ONG dedicada a la asistencia de los trastornos de ansiedad. Por su parte, la psiquiatra Graciela Moreschi dice que hay más consultas de los que le temen al hecho de "no hacer nada". "Cada día la gente necesita estar más ocupada porque en esta sociedad sólo hay tiempo para el negocio y el consumo", señaló. En realidad, los especialistas describen así los efectos de una civilización burguesa que ha exaltado el trabajo y la persecución del lucro. Estamos muy lejos, así, de la buena reputación de la que gozaba el ocio en la Edad Antigua, donde la actividad sólo era considerada un medio con vistas al tiempo libre que conduce a la reflexión y la contemplación. La llamada "modernidad" cambió el eje de la vida. En su alarde de transformación del mundo, ha sacralizado al hombre de acción. El triunfo del burgués, con su afán de conquista del mundo material, ha hecho posible la hegemonía de este tipo humano externo. En línea con esta tesitura Carlos Marx dijo: "La tarea de la filosofía ya no consiste en interpretar el mundo, sino en cambiarlo", una frase que es toda una confesión a favor de la praxis. Como si la felicidad estuviese en las cosas -¿no sería eso el materialismo?- o como si la vida sólo se tratase de puro dinamismo y de eficacia, dos cosas que le pedimos curiosamente a la máquina. En este contexto se entiende la instauración de la regla de que el "tiempo es oro", que hace que mucha gente no tolere que ni un minuto de sus vidas sea improductivo. De tal suerte que descanso es sinónimo de holgazanería. Si no se trabaja para tener ocio -como postularía algún griego antiguo-, sino que se vive para trabajar, entonces quedar desocupado, inactivo, es una perspectiva aterradora. Para evitar el tiempo libre, muchos pasan años sin tomarse vacaciones. Otros las toman, pero las "hiperprograman", llenando su agenda de actividades para que no quede ningún vacío, ya que de lo que se trata es de cómo "matar el tiempo". El filósofo Arthur Schopenhauer aseguró que lo que ocupa a todos los hombres es la necesidad de asegurar la existencia. Pero una vez hecho eso, ya no se sabe qué hacer. Los cuidados de la existencia, la búsqueda del bienestar, que supone trabajar, es el modo habitual de existir. Pero una vez libertados de esta esclavitud, cuando la miseria material deja de ser problema, el hombre se topa con el hastío. "Si la miseria es al aguijón perpetuo para el pueblo, el hastío lo es para las personas acomodadas", afirmó Schopenhauer. Nuestra civilización técnica ha solucionado en gran medida las penurias económicas. Masas enteras de población, así, han logrado superar el "aguijón de la miseria". Pero automáticamente han quedado presas del aburrimiento, el tedio, el no saber qué hacer con el tiempo libre. El ocio como instancia no laborable llega a ser por tanto un peso, un martirio, un espacio difícil de llenar. Desaparecida la rueda de la actividad, aflora una sensación angustiosa de vacío. Quizá tengamos que empezar a averiguar qué quiso decir Aristóteles cuando habló de que "la felicidad está en el ocio".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ÉSTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

