El ojo público
Muchas veces la opinión predominante del entorno ejerce una pesada opinión, una carga, una coerción hacia la conformidad, que pone en duda la capacidad individual de resistirse.Quien vio esta tensión fue Jacobo Rousseau y así la sintetizó: "Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja la persona y la propiedad de cada miembro con toda la fuerza de la comunidad, y en la que cada uno, aunque unido a los demás, sólo se obedezcan a sí mismos y permanezcan tan libres como antes. Éste es el problema fundamental".Es decir, ¿es posible pertenecer a la comunidad y a la vez pensar distinto que ella? ¿Cómo se concilia la autonomía del individuo, su fuero interno, con la colectividad que exige adhesión ideológica?.Parece haber una evidente pugna entre la conciencia individual y la opinión hegemónica en la sociedad, que pide conformidad y disciplinamiento a favor del conjunto.Desde un punto de vista psico-social, la especialista en opinión pública Noelle-Neumann, describe el fenómeno como "una forma de control social en la que los individuos, percibiendo casi instintivamente las opiniones que les rodean, adaptan sus comportamiento a las actitudes predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no".¿Qué es eso que expone continuamente al individuo y le exige que atienda a la dimensión social de su medio? Según Noelle-Neumann, la clave es el miedo al aislamiento, a la mala fama, a la impopularidad.Esto hace que la persona desee prestar atención al entorno y se vuelva así consciente del "ojo público". No sólo eso: se comporta en función de esa visión pública.Como se verá, estamos lejos del ideal del individuo emancipado e independiente, dispuesto a pensar, sentir y actuar en contra de la sociedad, a vivir "contracorriente".Más bien hay que aceptar la imagen de un individuo aislado, temeroso de la opinión de sus iguales. Sin embargo, dice Neumann, aquí está la clave que explica la sociabilidad."Nuestra naturaleza social nos hace temer la separación y el aislamiento de los demás y desear ser respetados y queridos por ellos. Con toda probabilidad, esta tendencia contribuye considerablemente al éxito en la vida social", sostiene.Este miedo al aislamiento, en gran medida inconsciente, hace que la gente intente comprobar constantemente qué opiniones y modos de comportamiento son aprobados o desaprobados en su medio.Como se puede deducir, aquí no está en juego la calidad de los argumentos o el peso específico de cada conducta, sino la fuerza de una opinión con capacidad para amenazar con el aislamiento o el ostracismo al individuo.Otro pensador que vio el poder de la opinión pública como control social fue el inglés John Locke (siglo XVII). "Nadie escapa al castigo de su censura y desagrado si atenta contra la moda y la opinión de las compañías que frecuenta"."No hay uno entre diez mil lo suficientemente firme e insensible como para soportar el desagrado y la censura constante de su propio círculo. El que pueda vivir satisfecho en un descrédito y una deshonra continuos ante su propia sociedad tiene que ser de condición extraña e insólita", afirmó el inglés.En síntesis, se podría afirmar que un clima de opinión rodea totalmente al individuo desde el exterior. No puede escapar de él, al punto de que lo coacciona en su conciencia. Alexis de Tocqueville descubrió, en tanto, que la opinión de la sociedad puede adquirir dimensiones tiránicas. El público "no convence de sus creencias, sino que las impone", aseguró.Hay aquí un tema para la reflexión profunda de los que consideran la libertad de pensamiento como algo sagrado, opinó el célebre pensador francés.
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