El otro Andrade
Con el tiempo ha prevalecido la imagen de Olegario Víctor Andrade como poeta entrañable, quedando en la sombra aquel militante viril del federalismo, una causa pendiente de la Argentina contemporánea.Por estos días recordamos al autor de "La Vuelta al Hogar", cuyos nostálgicos versos se recitan con unción entre nosotros. El 30 de octubre de 1882, a los cuarenta y tres años, Andrade muere en Buenos Aires.El poeta civil, el cantor de las luchas y empresas de la comunidad, había conocido la fama y la consagración popular en vida. Tras su muerte, los prohombres políticos de entonces ensalzaron la imagen del escritor.Nicolás Avellaneda, por caso, escribió: "Vengo a acompañar los despojos del más sublime de nuestros poetas".Sin embargo, el poeta eclipsó al Andrade político, al hombre que se hundió en las luchas de su tiempo, al insobornable y aguerrido combatiente de la causa federal.Como político y periodista tomó partido -asumiendo en muchos casos riesgos personales- por la causa de Justo José de Urquiza en aquellos terribles años de lucha entre Buenos Aires y la Confederación.La lectura de sus artículos tiene una actualidad increíble y es fuente de inspiración. Hay allí una comprensión del país, en clave provinciana, que sorprende por su vigencia.Educado en el liberalismo decimonónico -estudió en el célebre Colegio Nacional de Concepción del Uruguay- Andrade no cayó en el ideologismo. Supo distinguir lo que era necesario para el país, por encima de la abstracción ideológica.El nuevo país debía ser federal no por capricho. Son las soberanías provinciales los ejes alrededor de los cuales la Argentina desarrollaría todas sus potencialidades.Pero el proyecto nacional de las provincias tiene un adversario temible: la codicia sórdida de la política centralista (es decir unitaria), por entonces encarnada en la oligarquía porteña.Andrade se pliega decididamente por la causa provincial y federal. Lo que está en disputa, visualiza, es un modelo de país. Por eso no duda en impugnar a los liberales consagrados.El folleto "Las dos políticas", de 1866, resume al lúcido ensayista político. Allí Andrade viene a sostener que Rivadavia, Rosas y Mitres expresan una misma política.Son instrumentos de un diseño contra-natura. Andrade explica: Buenos Aires se erigió a partir de 1810 en Metrópoli territorial, reemplazando a España, como sostenía Juan Bautista Alberdi, monopolizando en nombre de la República, las rentas de la aduana, la navegación y el gobierno general del país.Señala: "En vez del coloniaje extranjero y monárquico, tuvimos desde 1810 el coloniaje doméstico y republicano". Y en otra parte: "Buenos Aires ha querido desde 1810 mantener en sus manos el comercio exterior, y en sus cofres el producto de las rentas que él produce".Rivadavia, Rosas, Mitre y también Sarmiento. Esos son los exponentes del partido unitario. Ahí está la originalidad de Andrade: ve detrás de esos personajes, que según la interpretación convencional son incompatibles ideológicamente, la continuidad de una política.A todos ellos los unió el interés del Puerto. Este sistema de dominación política y económica sigue idéntico en la actualidad. El país invertebrado y deforme, el de esa calamidad social que es el conurbano bonaerense, es reflejo de este diseño.Ayer como hoy lo que existe es el monopolio de la renta del comercio exterior. Las llamadas retenciones son el mecanismo moderno de expoliación de la riqueza del interior -en realidad todo el sistema impositivo es centralista-. Reeditan lo peor de la política aduanera unitaria del siglo XIX.El otro Andrade, el adalid de la causa federal, más vigente que nunca.
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