El paciente tiene fiebre, ¿averiguamos qué tiene o le damos una aspirineta?
En un año electoral los números de la economía van a seguir mandando. Será difícil, en medio de semejante vendaval de números, instalar algún debate político. El dólar, la sanción del Fondo, la negociación con los gremios, la caída de la construcción o el aumento de la recaudación, forman parte del cóctel.Jorge BarroetaveñaTodo está como era entonces en la Provincia de Buenos Aires. Después de la nube de polvo que levantó el reclamo de discusión de la coparticipación, a su arribo de Italia, Daniel Scioli optó por bajarle el perfil al conflicto. Al cabo, ya tiene sobre sus espaldas lo que pasó el año pasado con el pago del medio aguinaldo y los tironeos con la Casa Rosada.El bonaerense necesita la friolera de 10.000 millones de pesos para bancarse un aumento del 17% a los docentes y casi 600 millones más por cada punto de ahí para arriba. Es obvio que no los tiene y pensar que podrían venir de la coparticipación es una utopía peligrosa. Hay algo cierto en la respuesta que le dio el gobierno a su reclamo: la coparticipación es un problema de la Nación, sí, pero lo es mucho más de las provincias. Serán ellas las que deban ponerse de acuerdo para después acotar el rol del estado nacional. Y eso debería salir por ley, algo impensado hoy en la Argentina.La alternativa pues, ante la furibunda respuesta de la Rosada, es bucear en dineros adicionales del sector educativo. Scioli sabe que, en el fondo, no es cuestión de números, sino de política. Si algo dejó como saldo el enfrentamiento anterior con el kirchnerismo fue la sensación que los dos se veían perjudicados por igual ante la opinión pública.¿Alguien está dispuesto a volver a correr ese riesgo en un año electoral? Es que en la profundidad de la lata bonaerense ya no queda nada. Aumentar los impuestos otra vez no luce como una buena opción y, cerrada la chance de discutir la coparticipación, no queda más remedio que volver a golpearle las puertas a la Nación.Menudo desafío tiene Scioli para su ambición de ser presidente. Deberá hacer equilibrio entre su objetivo de independencia política del kirchnerismo y su dependencia económica de la caja que este maneja. ¿Cómo lo hará? Sólo él lo sabe, aunque debería ser conciente que en esta tarea se juega su futuro político.El viernes Echegaray de la AFIP salió como los bomberos: aportó el dato del crecimiento de la recaudación para tratar de emparejar al menos las noticias negativas que venían de afuera y se generaban adentro. El Fondo Monetario Internacional es un organismo desprestigiado que, en el caso de la Argentina y como muchos otros países, ha tenido una política equivocada por no decir mal intencionado.Pero fue la Argentina de Néstor Kirchner la que decidió pagarle completamente una deuda cuestionada e, indirectamente, acabar por legitimarlo. Por eso, la moción de censura que comunicó oficialmente el viernes a las estadísticas del INDEC fue un golpe duro que no sólo expone a la Argentina a sanciones más graves sino que dificulta los procesos de inversión de extranjera.¿Cuántas preguntas debe hacerse alguien que está dispuesto a invertir sus capitales en un país que no tiene números confiables? Pero hay un efecto mucho más profundo aún que llevará años revertir: mentir con los números no sólo es inútil sino peligroso. Es como el paciente que va al médico, le dicen que tiene cáncer y opta por negarlo. Vivirá lo que le quede de vida sin enfrentarlo, y por ende, sin tratar de curarse.El caso, extremo por supuesto, no deja de ser válido. Un país serio basa su futuro en números ciertos que le permitan planificar desde cuánto se invertirá en educación en la próxima década hasta cuánto se podrá aplicar en redistribuir los excedentes para achicar los índices de pobreza.El kirchnerismo, cuando termine su estancia en el poder, dejará muchas cosas positivas pero una radiografía negativa de su concepción del manejo del poder, traducido en el manoseo de las estadísticas oficiales.DeclaracionesTampoco las declaraciones tremendistas de algunos ayudan. ¿No sabe acaso Roberto Lavagna, como ex ministro de economía, que afirmar que después de las elecciones se desdoblará el mercado cambiario provocará más incertidumbre? Sí, lo sabe y debió haber sido más prudente porque la fuga de dólares no se detiene, los bancos siguen perdiendo billetes verdes y el Central ya no sabe cómo disimular las presiones.Aunque fue Moreno el más sincero, cuando admitió la semana pasada que el dólar oficial podría llegar a los 6 pesos antes de fin de año. Enero, mes de vacaciones y exportadores que no liquidaron, no hicieron más que empujar al paralelo hasta el techo de los 8 pesos.Para el gobierno estos son apenas datos de la economía que sólo le importan a pequeños grupos, pero hay indicios de la economía real que no deberían ser evitados. Los números de enero sostienen que, en las principales plazas turísticas de la Argentina hubo una merma del 20% con respecto al año pasado. Crecieron Entre Ríos y se recuperó la Patagonia pero no alcanza para modificar el índice general.La perla negra fue el índice de la construcción que, según las propias estadísticas oficiales, marcó el peor retroceso desde la crisis del 2001.Hay dos formas de analizar lo que pasa. Conformarnos con el impacto que la crisis mundial tiene en la Argentina y pensar que 'la sacamos barata' o creer que hay problemas internos cuya resolución (inflación) ya no puede ser postergada. El gobierno se aferra a lo primero y dice que todo pasará. La realidad sigue deslizando síntomas. Y no son sólo unas líneas de fiebre. Con una aspirina, ¿se arreglará todo?
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