El padre del racionalismo moderno
En una fría noche de invierno, sentado junto a la estufa, este brillante ex alumno de los jesuitas tendrá una especie de revelación que lo llevará a dudar de todo lo aprendido hasta entonces, hasta encontrar en su pensamiento una evidencia que le sirva de punto de partida para deducir de ella todo el saber.Por María Elena Unamunzaga
OpiniónA partir de ahí su reflexión será un despliegue de ciertas ideas que considera innatas y, por consiguiente, no necesitan de lo sensible para existir porque son -para él- evidentes por sí mismas, ya que vienen de Dios y no de las cosas. Rechazará toda idea externa procedente tanto de la tradición filosófica como del objeto de experiencia.Las cosas del alma se reducen al pensamiento -dirá- y las del cuerpo a la extensión y al movimiento. Ambas son sustancias completas y, para relacionarlas, recurre a la glándula pineal. Es así como la mente forma un mundo cerrado sin contacto con nada que no sea ella misma y la realidad ya no orientará al pensamiento sino que éste, en su inmanencia, organiza la representación de la realidad.La duda es el punto de partida de todas las certidumbres ya que " dudo; si dudo, pienso; si pienso, soy"Ahí radica su profunda revolución: no dudo porque pienso sino que, porque dudo, pienso y porque pienso, soy. Ya no hay verdad objetiva como correlato entre lo que pienso y las cosas; es verdadero lo que percibo en forma clara y distinta en la intuición intelectual. El pensamiento condiciona el ser, las cosas, la realidad, en lugar de que la realidad condicione el pensamiento.Sigue, por consiguiente, el rechazo de todo lo que no es matemáticamente evidente.Los sentidos nos revelan meras modificaciones de nuestra conciencia, son simples apariencias. El mundo corpóreo es sólo extensión geométrica. De ahí a la explicación mecanicista del mundo físico no hay más que un paso y La Mettrie concluirá que los cuerpos son engranajes semejantes a los del reloj.El dualismo cartesiano, profundamente influenciado por las matemáticas, en las que descolló, incidirá en el desarrollo de las ciencias naturales al producir una tajante separación entre cuerpo y espíritu, que costará mucho superar en los siglos siguientes.Sus ideas serán desarrolladas por otros pensadores, también racionalistas, hasta culminar en el idealismo absoluto de Hegel en el siglo XIX.
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