El país al revés del que no habla la política
El 80% de la población argentina vive en el 1% del territorio. La Matanza, un municipio bonaerense, tiene más habitantes que Entre Ríos. Esta irracional concentración no forma parte de la agenda dirigencial.A la élite criolla parece no sugerirle nada los datos del último censo de población. Acaso porque su apetencia por el poder (y su vocación por reelecciones indefinidas) no la deja ver más allá de sus narices.Se ha revelado obtusa frente a los problemas demográficos de Argentina. Se diría que a los políticos no les importa el rediseño territorial, el poblamiento inteligente del espacio geográfico.El conurbano nunca fue un drama para nuestra dirigencia. Al contrario, hay razones para suponer que todo forma parte de un plan deliberado con fines de dominación.El conurbano tiene 7.000 kilómetros cuadrados (0,25% del territorio nacional) y en él habita el 35% de la población, gran parte de la cual vive en situación de pobreza.Esta concentración territorial, ¿es alentada y querida por el poder? Un dato puede esclarecer el punto: ese territorio empezó a cotizar políticamente, a partir de la reforma constitucional de 1994, cuando se consagró que la elección presidencial se hace de manera directa.El peso del conurbano, por tanto, se convierte en algo sustancial. No hay la más mínima posibilidad de ser presidente si no se hace una buena elección en ese territorio.Por lo tanto, las promesas se concentran en este lugar. Aquí va dirigido todo el aparato clientelístico del Estado. Porque es en este territorio donde se juega el poder.Hay miserabilidad e hipocresía en la disputa pública de estos días en torno a la inseguridad. Y esto porque se habla de atacarla dentro de un modelo social inviable, omitiendo que la expansión del delito es efecto directo de ese conglomerado contra natura.De aquí emerge La Matanza, habitada por 1.772.130 personas. Esto es más que la población que tienen la mayoría de las provincias argentinas, salvo Córdoba y Santa Fe.La Matanza tiene más habitantes que: Tucumán (1.448.200), Entre Ríos (1.236.300), Salta (1.215.207), Misiones (1.097.829), Chaco (1.053.466) y Corrientes (896.461), entre otras.Se entiende, entonces, por qué los intendentes, mejor llamados "mini gobernadores" de la provincia de Buenos Aires, tienen tanto o más poder que toda la clase política argentina.Que alrededor de 30 millones de personas se concentren en una superficie menor al 1 % del territorio nacional, lo que equivale a la provincia de Tucumán (unos 22.500 km²), revela el fracaso de la política.En lugar de conquistar y unir un territorio de grandes dimensiones, y poblarlo en cantidades equitativas, produciendo una distribución pareja de la población y la riqueza, la élite dirigente ha alimentado la macrocefalia.Está demás decir que esta concentración poblacional es producto de la matriz unitaria que ha configurado al país por décadas. "Argentina sigue siendo un país mal unido y consolidó una suerte de 'confederación de feudos', más abocados a la tarea de conservar el poder que a la de consensuar fórmulas de cooperación que garanticen la integración y la equidad territorial para los habitantes" (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2002)La generación de riqueza que se obtiene con la explotación de los recursos naturales y humanos del interior, es acaparada en su mayoría por el Estado nacional, que la distribuye luego en función de cálculos políticos.Lo que resulta paradójico es que mientras el interior del país está despoblado, mientras Argentina es el octavo país en extensión territorial del planeta, con una densidad poblacional bajísima, millones de argentinos no pueden hacerse su casa por no tener acceso a la tierra.También resulta paradójico que los últimos presidentes de Argentina fueran originarios del interior.
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