El país, apremiado por financiamiento externo
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En la medida en que la Argentina no genere las condiciones para que la economía sea superavitaria en dólares, deberá sufrir la necesidad imperiosa de fondeo externo, como se echa de ver en estos días.Se diría que la escasez de divisas para que funcione el Estado deficitario, para pagar las importaciones y para hacer frente a los compromisos externos, está detrás de la corrida cambiaria de estas semanas.El gradualismo practicado por el gobierno consistió hasta aquí en evitar un ajuste económico de proporciones, por un gasto público incontrolado herencia de la anterior gestión, mediante la ayuda del financiamiento externo en el mercado voluntario de deuda.Con los dólares que obtenía por esta vía el gobierno hacía frente al elevado déficit fiscal, al tiempo que cubría el déficit de la balanza comercial, producto de que las importaciones superan a las exportaciones.Pero el escenario de liquidez que permitía hasta aquí transitar la política económica, orientada a una rebaja paulatina del déficit (gradualismo fiscal) sin mayores costos sociales, ha dado un giro abrupto.A partir de la subida de tasas de interés en Estados Unidos, los inversores han empezado a retirar capital de los mercados emergentes, entre ellos Argentina, un país excesivamente expuesto por el rojo en sus cuentas públicas.Al ser el endeudamiento externo el pilar sobre el cual se asienta la economía, si la Reserva Federal norteamericana aumenta el costo del crédito, es lógico que el país se vea seriamente perjudicado.Los riesgos son considerables puesto que la suerte de la economía depende del frente externo, y allí es imposible manejar variable alguna. De ahí que el gobierno de Mauricio Macri decidiera acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI) para conseguir los dólares que le permitirían evitar una crisis mayor.Los economistas más optimistas aseguran que el acuerdo con el FMI ayudará a financiar el déficit con menos tasa y a exorcizar la actual crisis cambiaria, evitando que se propague y transforme en algo peor.Según trascendió, Argentina accedería a un préstamo de 30.000 millones de dólares, a una tasa de interés del 4%, sustancialmente menor a la que venía pagando a los inversores (entre 7 y 8%).Los críticos sostienen que el gobierno, lejos de resolver el problema de la falta de dólares, lograría a lo sumo sortear coyunturalmente la restricción externa pero otra vez mediante endeudamiento.El dato estructural es que, como ha ocurrido cíclicamente a lo largo de su historia, después de un período de auge, de crecimiento del PBI, el país encuentra un límite en la llamada "restricción externa".Se diría que este es el talón de Aquiles de la economía argentina desde hace muchísimos años, consistente en que para su funcionamiento anual necesita más dólares que los que puede generar.Al respecto, el país tiene una larga historia de tropiezos por su deuda pública externa, que lo condujeron a caer en default, una expresión de insolvencia financiera.Con un agravante: en Argentina rige de facto un sistema bimonetario que hace que los argentinos empleen al peso como instrumento de transacción, pero al dólar como una reserva de valor.Eso significa que ante el primer síntoma de que las cosas no van bien, instintivamente los inversores locales "huyen" a la divisa norteamericana, agravando de este modo la escasez crónica de dólares.
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