El país está en recesión pero el gobierno aún trata de digerir la derrota
Por Jorge Barroetaveña
Especial
Es que en este trípode se asienta la supervivencia del kirchnerismo. En un gesto que se sumó a una larga cadena que arrancó al día siguiente del 28 de junio, el gobernador bonaerense Daniel Scioli dejó en claro que su distancia metodológica con Néstor Kirchner es cada vez más grande. A las pocas horas del chirlo electoral levantó el teléfono y llamó uno por uno a sus adversarios. Hasta con Carrió habló y a Reutemann le dejó un mensaje. No conforme con eso, y después de tomarse una semana de descanso en el exterior, comenzó a convocar a todos los sectores para un diálogo 'a la bonaerense', incluido el campo, sector al que los sureños le adjudican todos sus males. No conforme con eso, 24 horas antes de su desembarco en la Rural, se volvió a juntar con los ruralistas y anunció el lanzamiento de un bono y líneas de créditos blandas para estimular la siembra de trigo y maíz y la producción de carne. Con ese background sobre los hombros, Scioli se presentó ante el sector, buscando salvar su propio pellejo y lo que quedó de sus deseos presidenciales después de las elecciones de junio.Es que si la mente afiebrada de Kirchner no se lo impide ver, el ex motonauta es la única tabla de salvación que le queda, encolumnándose detrás de él o al menos para condicionar la elección del futuro candidato presidencial del sector. 'El que avisa no traiciona', afirma alguna frase por allí. Y Scioli se encargó, un puñado de horas antes de la visita a la Rural, de hablarlo personalmente con el ex presidente en Olivos. Qué le contestó Néstor es una incógnita con versiones dispares. Algunos afirman que lo aceptó de mala gana y otros que entre ambos nació un pacto tácito, que los llevará a cumplir dos roles diferentes para mantener unida la tropa que aún les responde. Kirchner se dedicará a cuidar el núcleo duro de apoyo al gobierno (más vinculado a lo ideológico) y Scioli deberá tender puentes con aquellos a quienes el ex presidente no digiere ni les perdona el traspié electoral, como la mayoría de los caciques del conurbano. De hecho, el mandatario ya incorporó al intendente de Avellaneda a su gabinete y va por más, recibiendo en las próximas horas a referentes de la oposición.Pero la dependencia de Scioli con Kirchner y Cristina y con el gobierno nacional, ya no es política, sino que se define en términos económicos. La Provincia de Buenos Aires tiene un déficit abultado, que se incrementó durante la campaña, y amaga con dejar en el aire las decenas de obras que semanalmente se anuncian. El panorama se volvería mucho más sombrío si el fantasma de los Patacones se corporiza y obliga al tesoro bonaerense a emitirlos para tapar los agujeros. Calcada, la circunstancia, se repite al menos en una docena de provincias, fuertemente dependientes del poder central y con recaudaciones que se han caído a pique. Es el dilema que azota a varios gobernadores, enojados con el kirchnerismo, pero imposibilitados de pegar el portazo en semejante circunstancia. Debilitado, el gobierno manejará por dos años más resortes claves, y la suerte política de muchos referentes del interior depende de eso. Claro, todos saben que van rumbo al cementerio y que no entrarán en él, pero aún no han resuelto el momento de pegar el portazo.El cambio de gabinete y las reformas anunciadas en el INDEC son mojones que todavía no alcanzan para recrear la confianza perdida. Agobiado por los diez días de silencio que siguieron a su asunción en el cargo y por los condicionamientos que los halcones le ponen en el camino, un disciplinado Amado Boudou dijo lo que en Olivos querían escuchar. Sólo con el INDEC obtuvo algunas concesiones, aunque se tuvo que tragar el sapo de la permanencia de Guillermo Moreno y de sus hombres de confianza. El tiempo dirá si Boudou será un nuevo Fernández y el ministro en las sombras sigue siendo Néstor Kirchner. Por lo pronto, De Vido desde Planificación, Echegaray desde la AFIP y Moreno desde Comercio Interior, monitorean todo el gobierno y velan por el cumplimiento de los deseos de su jefe. En eso, la situación se ha mantenido inalterable.
*******
La Presidenta nunca se ha sentido cómoda en el fango de la política local. De hecho, su presencia en foros internacionales jamás pasa inadvertida y la loca expedición a Centroamérica de hace un par de semanas fue una muestra de ello. La ignorancia sobre el conflicto agropecuario y después, una lectura errada del problema, metieron al gobierno en una vorágine que los terminó llevando a la derrota. Los intentos de diálogo y las reuniones con gobernadores son síntomas aún, aunque los recelos mandan y la desconfianza prima. Ya lo experimentó Scioli el viernes en la Rural y lo mismo le pasó a Cristina con Macri, más allá de las sonrisas de ocasión.El kirchnerismo tiene terror de perder poder y cualquier concesión supone una pérdida de él. Esta lógica, que guió los pasos del oficialismo en los últimos años, se dio de bruces con la realidad el domingo 28 y el matrimonio vaga tambaleante tratando de abrirse paso ante la nueva realidad. Pero los tiempos de la manteca al techo ya pasaron. La caja está cada vez más vacía y los que antes adulaban hoy no están o no tienen empacho en declararse 'peronistas de toda la vida', condenando al kirchnerismo a las páginas de la historia. La agenda luce abultada con una frutilla en la cúspide de la torta: la recesión. Tan profunda es que ni siquiera el INDEC se puede hacer el distraído. Néstor, Cristina, el problema no sólo es político, también es económico. Se acabó la fiesta y ahora hay que pagarla.
Este contenido no está abierto a comentarios

