El país ganadero y el dolor de ya no ser
Uno de los cambios que se percibe en el Bicentenario es que el país, que hasta los '70 lideró la exportación de carne vacuna, se desbarrancó a octavo lugar, cediendo ese espacio de privilegio a Brasil.Unas décadas atrás ese relevo era impensado. Pero lo cierto es que la caída del stock ganadero, la declinación de la actividad en favor de la soja, y el desaliento a las exportaciones, se combinaron para que Argentina se baje del podio que la distinguía en el mundo.Brasil, un país que en los '60 debía importar alimentos, se ha transformado en poco tiempo, gracias a políticas de estímulo a sus productores, en el primer exportador mundial de carne, y en el segundo productor detrás de Estados Unidos.Lo increíble es que Uruguay haya superado también a Argentina en ventas externas: sus embarques totalizarán este año 1.200 millones de dólares, contra los 1.000 millones de nuestro país.Pero hay más: este año cada uruguayo comerá más carne (58,2 kilos) que un argentino (56,7 kilos). De esta manera, el país dejó de ocupar el primer puesto en el consumo de este producto.Este golpe a "nuestra orgullosa voracidad carnívora" -ha escrito el periodista Héctor Huergo- termina con un reinado de más de un siglo. Desde el sector aseguran que si bien la decadencia viene de lejos, se aceleró en los últimos tres años.El cierre de exportaciones y la regulación de los precios, lograron sí que haya más carne en el mercado interno, a un valor relativamente barato para los consumidores.Pero eso motivó que los ganaderos, sin interés para producir, tuvieran que desprenderse de animales sin terminar y luego de las vacas. Según los expertos, se mandaron al asador 10 millones de cabezas más de las convenientes.La liquidación de hembras (la fábrica para hacer terneros) y de rodeos, generó lógica escasez. Y la carne dejó de fluir. Entonces los precios subieron casi 100%. La ingesta de carne apenas cayó un 20%, y esto porque los argentinos no se resigan a abandonar el asado.Cuando en 1910 Argentina celebró el Centenario, detentaba el primer puesto mundial de exportación de carne, sobre Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda. También era el primer exportador de trigo.Un siglo después la carne vacuna tiene insignificante incidencia en los envíos externos: constituyen apenas el 5% del valor de los productos del complejo sojero.Estados Unidos y Argentina llegaron a rivalizar en el pasado. Naciones jóvenes, subidas a la primera ola de la globalización, ambas llevaban carne vacuna del Nuevo Mundo a las mesas de sus antepasados coloniales europeos.En la segunda mitad del siglo XIX, y en realidad hasta 1938, había grandes similitudes entre las dos. Sin embargo, al cabo de cien años el país del "vaquero" no sólo no dejó de producir carne (es el primer productor mundial) sino que se industrializó. El país del "gaucho", en cambio, renegó de las manufacturas y ahora también de la ganadería.No obstante lo cual, la actividad pecuaria sigue teniendo un rol en la economía del interior. Como es el caso de Gualeguaychú -que supo tener un frigorífico de exportación modelo- cuya riqueza ganadera empalma con sus orígenes.Lo mismo podría decirse de Entre Ríos, una provincia sostenida siempre en el sector rural. Y que hoy está sufriendo el cierre y el achique de su industria frigorífica.La riqueza pecuaria del país se forjó en la Conquista. La Revolución de Mayo se encontró con la explosión de miles de animales que pastaban sin dueño, ya que tiempo atrás habían sido introducidos por los españoles.Así, vacas y caballos se reprodujeron solos en la pradera pampeana. Era una época en la que dominaban las vaquerías, la caza del ganado cimarrón para obtener cuero y sebo que se enviaba a España.La ganadería creció en un espacio único en el mundo: una pradera templada y de buenos pastos. Más allá de la pérdida de estatus del país en el mercado internacional de carne, esta actividad lo sigue simbolizando.
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