El país de la sorpresa desgraciada
Nos acostamos con un escenario. Nos despertamos con alguna sorpresa. Casi siempre ingrata, dramática, trágica, negativa, difícil, agria.A veces hasta despiertos, mientras estamos viviendo horas de cierta normalidad, nos aparece un episodio que es sorpresa también. Y como decimos, casi siempre no grata.Casos que tenemos a la mano, algunos pocos, no tan recientes, otros rigurosamente actuales. Ocurridos en la ciudad o la provincia, y que tienen que ver con su vida cotidiana. La del presente, pero que tienen graves proyecciones al futuro porque no se alcanza a saber, ni juzgar, ni mucho menos condenar por ende, a los responsables de los hechos sorpresivos que eso sí, siempre tienen que ver con lo delictivo.En oportunidades, delitos de un alcance que afecta directamente al interés individual inmediato, en cuanto al daño que provocan. Por más que esa impunidad de la que hablamos, fomenta la repetición de hechos similares, y a todos y cada uno de nosotros nos puede ir sucediendo luego.De hecho, uno a uno de los que hoy vivimos en esta sociedad, hemos vivido en el entorno cercano si no en carne propia, algún episodio sorpresa delictivo.Más allá de que poco, muy poco se descubra, y por supuesto que prácticamente no se sancione a los responsables directos, nuestra misión la seguiremos realizando sin condicionamientos ni amenazas. Lo que tenemos que hacer, nuestra función -la del medio-, es contar la noticia, los hechos, obtener las imágenes, prudentes y respetuosas.A quien le toca en carne propia, y al resto de la sociedad, porque tal y como siguen las cosas sin que nada pase con los que se dedican a delinquir, a todos nos seguirá ocurriendo que permanezcamos expuestos a los sinvergüenzas y sus designios, si no nos comprometemos y cambiamos el foco de la preocupación y la molestia por lo que nos pasa, y por quién nos pasa.Pero claro, si aquí en Gualeguaychú, nos hemos atragantado con la sorpresa que hace varios años significó desayunarnos, con la instalación de una mega planta industrial contaminante de las peores, en nuestras narices, sin que quienes debieran hacerlo no supieran cuidarnos como seres humanos, no custodiando nuestros legítimos intereses de comunidad. Si eso ha ocurrido en grande, cómo no se va a repetir de una manera intra doméstica.Tampoco nada importó para aquéllos, la decisión de vida tomada para nuestro pueblo, adoptada con mucha anterioridad al de la decisión de ajenos de empujarnos con la atropellada de "primero hago", después que se las arreglen como puedan los que "perjudico".Estos hechos son ya una moneda corriente, que nos altera de tal manera haciéndonos perder la razonabilidad a algunos.Termina por enfrentarnos esa distorsión, entre nosotros mismos -las víctimas activas y pasivas-, de manera estúpida e inservible para lograr buenos y justos resultados que cambien nuestro modo de vida, haciéndolo razonable y previsible, en materia de seguridad sobre todo.La seguridad que deben custodiar los funcionarios con altas responsabilidades, tiene que ver con aquéllos que de manera primordial deben estar desteñidos de cualquier bajo interés político.El interés superior que tienen que custodiar y ejercitar, es cuidar a los ciudadanos como ocurre con nuestra región, vilmente afectada con la contaminación del agua y el aire que respiramos.Los profesionales de la salud de nuestro medio han sido contundentes con su declaración del domingo pasado. ¿Comprenden los burócratas (en su significado exacto), saben lo que deben hacer por nosotros?.
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