El país que oculta el Indec
El Indec, así, ha devenido en un instrumento de operación retórica del poder político. “Si hay pobres, que no se noten”, parece ser el cometido del ente manejado por Guillermo Moreno.
Se trata de un flanco sensible de la construcción discursiva del kirchnerismo, que ha hecho de la “distribución de la riqueza” su bandera. Nunca se repartió tanto como ahora, dice el oficialismo.
Sin embargo, salvo el Indec, todos los analistas sociales admiten que desde hace dos años crece la pobreza y que la concentración de la riqueza se ha profundizado.
Por lo pronto, el Indec oculta la existencia de entre 4 y 5 millones de pobres en la Argentina. ¿Cómo es esto? Pues, mientras el organismo oficial asegura que la pobreza alcanza el 17,8% de la población, los encuestadores la sitúan bastante más arriba.
Para Artemio López, el encuestador favorito de Kirchner, la pobreza se ubicaría en el 28%, con lo cual habría 11,2 millones de pobres. En tanto que para Ernesto Kritz, director de la Sociedad de Estudios Laborales, está en el 32%.
El periodista Maximiliano Montenegro, del diario Crítica de la Argentina, en un interesante artículo sobre el patrón distributivo de la era K, habla de otra “apuesta fallida al derrame”.
Se ha vuelto a desmentir, según dice, la teoría del goteo según la cual el puro crecimiento resolvería el drama de la pobreza y la desigualdad. El modelo K produjo una drástica caída de la desocupación desde 2002.
Eso redujo durante cuatro años los índices de pobreza frente a los picos poscrisis. Pero desde el segundo trimestre de 2007 –estando ya intervenido el Indec- la inflación ha venido licuando el poder de compra de las clases populares.
Desde entonces el modelo K produce pobres. Así, “la creación de empleo no bastó para perforar los pisos de miseria y desigualdad cimentados en la década de los ‘90”, explica Montenegro.
Paralelamente se amplió la brecha entre ricos y pobres a niveles morbosos. La distancia entre el 20% más rico y el 20% más pobres hoy es de 14,5 veces, cuando en el peor momento del menemismo, en 1998, la brecha de ingresos fue de 13,5 veces.
Ergo: hoy la desigualdad es mayor que en los ‘90. El kirchnerismo, así, “no revirtió la tendencia a la concentración de la riqueza que se experimenta desde mediados de la década del ‘70. Incluso la profundizó”, sentencia Montenegro.
A propósito, la brecha de ingresos entre el 20% más rico y el 20% más pobre era sólo de 7 veces en 1974. Hoy, por ende, esta distancia se ha duplicado.
Se podría decir, entonces, que en la Argentina todo tiempo pasado fue mejor, dado el franco declive en el que está metida, producto de lo cual se ha configurado una sociedad dual.
Mientras el Indec pinta un país virtual, acorde con el “relato” del poder, según el cual nunca se repartió tanto y tan bien, la revista de humor Barcelona tituló hace poco: “La distribución ya se hizo. Lamentablemente no alcanzó para los pobres”.
El gobierno nunca blanqueará los números del Indec. Eso sería reconocer que al menos desde hace dos años hay cada vez más pobres. Y que no se verifica aquello de la “movilidad social ascendente”, de la que habla la presidenta.
Pero como no “existen los hechos, sino sólo interpretaciones”, según la máxima del poder, lo importante es lo que el público “crea” sobre lo que pasa. A cuyo objetivo retórico el Indec presta un servicio estratégico.
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