El país y un recurso estratégico: el agua
Hoy se celebra el Día Nacional del Agua, fecha instituida en 1970 con el objeto de sensibilizar a los argentinos sobre la importancia de cuidar los recursos hídricos del país. Ya por entonces se sabía que este bien renovable, limitado, y vulnerable estaba sometido a una presión sin precedentes debido al crecimiento demográfico del planeta, los cambios en el estilo de vida y la industrialización.Se percibía que la reducción de la disponibilidad y la calidad de las aguas -consecuencia de la desertificación y la contaminación- era una gran amenaza para la salud de la población.Las autoridades nacionales, en ese contexto, emitieron la Resolución Ministerial N° 1.630, por la cual se buscaba "estimular en todos los habitantes la responsabilidad en el uso de los recursos hídricos del país, así como un mayor conocimiento y la conservación a conciencia de los mismos".En las últimas décadas se tomó conciencia que sólo el 3% del agua disponible en la Tierra es dulce. Pero paralelamente el panorama mundial se agravó asociado al fenómeno del cambio climático.La contaminación de las aguas, el agotamiento de varios acuíferos y la declinación en los flujos de agua en grandes ríos son síntomas del deterioro.En Oriente Medio, África del Norte y partes de Asia, el líquido es escaso. La irrupción de Asia en la economía mundial genera un incremento mundial del uso del agua.La dieta tradicional de los países asiáticos (arroz y pescado) dependen del agua. China, potencial económica emergente, ha incorporado a millones de personas a mayores niveles de vida.Eso ha implicado una mayor disponibilidad de granos para alimentar a los animales, lo que requiere mucha agua. De ahí que el país asiático se haya visto obligado a importar grandes cantidades de forraje (soja), generando divisas a los países productores en Sudamérica.La estrategia de China, ahora, es tomar el control de los recursos naturales de esos países donde abunda la materia prima. Imita en este sentido a Inglaterra en el siglo XIX, con sus inversiones en campos, bancos, transportes y demás.Por su condición de país agro-exportador no se repara en el hecho de que Argentina también exporta agua con valor agregado y esto tiene un nombre: alimentos.El imaginario más elemental sugiere que exportar agua es embotellar y sacar del país el preciado y vital elemento. No se percibe la "huella hídrica" que contienen cada grano o cada unidad de los productos alimenticios que se venden en el mercado internacional.La Argentina tiene una posición estratégica en materia de agua. Cuenta con importantes reservas de agua dulce: los enormes caudales de la Cuenca del Plata, el Acuífero Guaraní (una de las reservas de agua dulce más grandes del planeta), los Esteros del Iberá (el segundo humedad más grande del planeta) y los hielos continentales en la región andina.Pese a toda la riqueza hídrica del país, desafortunadamente muchos argentinos aún no tienen acceso al agua potable ni a un sistema cloacal satisfactorio.La administración del recurso hídrico no ha sido una prioridad para la dirigencia estatal, más dedicada a paliar las emergencias (inundaciones y sequías) que a prevenir y planear políticas de largo plazo.Hay una deuda pendiente frente a las prácticas agrícolas no conservacionistas (el impacto de agroquímicos en las aguas), la deforestación que produce erosión hídrica, la contaminación de los acuíferos, y el desarrollo urbano e industrial sin control.
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