El país y un viento menos favorable
Por primera vez en más de una década el contexto global se muestra hostil a la Argentina. La caída en el precio de los commodities, de la soja en particular, es la peor noticia para una economía que se quedó sin dólares. Hasta acá predominaba el diagnóstico según el cual el país disfrutaba un generoso "viento de cola", asociado al hecho sobre todo de que el precio de sus exportaciones (las materias primas agrícolas) eran altísimos.Esta metáfora está extraída de la técnica de la aviación y significa que si el viento va a favor del movimiento se considera en cola y, al revés, si va en sentido contrario al desplazamiento del aparato se considera en cara.Pero ahora se ha instalado el consenso entre los analistas económicos de que el viento del comercio internacional viró y ya no es tan favorable para la economía Argentina.Al respecto sobresalen dos factores en el frente externo. Por un lado Brasil, hasta aquí un fuerte demandante de artículos industriales argentinos, que está en un proceso de estancamiento.Pero el dato más desalentador es que la niña mimada del agro y principal producto agrícola del país, la soja, se paga bastante menos que en los últimos 12 años.La oleaginosa pasó de más de 600 dólares la tonelada a unos 350 dólares para mayo de 2015, que es cuando sale la nueva cosecha, lo que representa una fuerte caída del 35%.La soja dejó de ser un negocio extraordinario y de altísima rentabilidad para convertirse en una actividad en la que pocos ganan y muchos ya operan a pérdida.Un informe de la consultora Agritrend habla de una tendencia a la baja en la superficie sembrada. Y esto producto, dice, de una situación generada por la baja de precios, mayores costos para producir y una alta presión impositiva.Según los cálculos de Agritrend, con menos siembra y producción habrá unos 3.400 millones de dólares menos para el país, en tanto que el gobierno recaudará casi 1.000 millones menos por retenciones.Por su parte Guillermo Villagra, presidente de OpenAgro, un fono de inversión que gestiona más de 15.000 hectáreas en todo el país, confirmó que "estamos ante un cambio de ciclo. Se terminó la abundancia"."Hasta el año pasado, había lugar para los improvisados o para los que tomaban riesgos. Hubo productores que con poco know how se pusieron a trabajar grandes extensiones y ganaron plata. También, otros que apostaban por las zonas más alejadas de los puertos y en campos de bajo rendimiento porque el precio de la soja a más de us$500 la tonelada tapaba cualquier error", sostuvo el empresario, en diálogo con iProfesional."Cualquiera se podía dar el lujo de tener una campaña modesta y así y todo era difícil salir perdiendo. Pero eso se acabó. Ahora, la rentabilidad para muchos modelos de negocios, pasó a ser negativa en términos reales", disparó Villagra.El problema es que los precios agrícolas muestran una perspectiva desalentadora hacia futuro. Los valores se deprimen no sólo por la gran producción (supercosechas en Estados Unidos), y la menor demanda de Asia.Resulta que la baja del petróleo también contagia a los granos. Ocurre que el menor precio de los combustibles fósiles deprime el negocio mundial de biocombustibles, que utiliza el maíz y la soja como materia prima.Esto consolida la menor demanda internacional sobre el mercado de granos, instalando una tendencia a la baja de los valores, haciendo a la agricultura menos rentable.
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