El papel y los males de los monopolios
La decisión del gobierno nacional tendiente a desmontar los abusos en la oferta de papel, es mirado a priori con simpatía por un diario como EL DIA, que siempre ha bregado por un acceso igualitario a ese insumo.Este medio, al igual que otras pymes periodísticas del interior, ha sufrido la práctica arbitraria de Papel Prensa, una empresa de naturaleza mixta (privada y estatal), que es la única oferente de papel para diarios del país.Los principales dueños de la firma son los diarios Clarín y La Nación. Pese a que se creó para abastecer de papel a los medios gráficos, esos accionistas privados decidían, según las circunstancias, vender a los clientes "no accionistas" a un precio más caro o no vender.Esta capacidad de manejo arbitrario de la materia prima ha venido generando zozobra a las pequeñas y medianas empresas editoras del país.Dichas prácticas comerciales desleales han conspirado, así, contra el funcionamiento de los medios gráficos del interior, que no tienen la escala económica de los grandes pooles mediáticos.Al respecto, la presidente Cristina Kirchner anunció que enviará un proyecto de ley al Congreso para declarar de "interés público" la producción de pasta de celulosa, su distribución y comercialización.Se habla de crear un "marco regulatorio" del insumo papel y la creación de una comisión bicameral de seguimiento de dicha regulación. Además, la presidente cargó contra los dueños privados de Papel Prensa, a los que acusó de haberse aprovechado de la dictadura militar para quedarse con la fábrica en 1976.Pero éste ya es un tema que deberá resolver la Justicia, adonde el gobierno concurrirá con las denuncias. Más allá de este asunto -y como lo hemos hecho otras veces-, queremos manifestar que estamos en contra de cualquier control arbitrario de la oferta de papel, no importa su naturaleza estatal o privada.Está demás decir que esta situación ya de por sí atenta contra el desarrollo de la prensa independiente que aspira, como en nuestros caso, a informar y opinar desde el país federal.Pero también sostenemos una posición filosófica contra los monopolios en general. Y el monopolio privado, contra lo que se cree, ha sido incluso repudiado por el mismísimo fundador del liberalismo económico.No es cierto que Adam Smith -de él se trata-, haya propiciado la ausencia total de regulación (o "la ley de la selva") en el mercado, en lugar de la libertad dentro de un marco normativo que evite los abusos.Todo lo contrario. En su célebre libro "La riqueza de las naciones" ya advertía: "Rara vez se verán juntarse los de la misma profesión y oficio, aunque sea con motivo de diversión o de otro accidente extraordinario, que no concluyan sus juntas y sus conversaciones en alguna combinación o concierto contra el beneficio común, conviniéndose en levantar los precios de sus artefactos o mercaderías".De igual modo, va contra nuestro ideario suscribir los monopolios estatales que pretenden instalar el pensamiento único oficial, en el ámbito de la información y la cultural.Que el Estado, en lugar de los privados, controle el papel, ¿es una garantía de equidad y pluralidad? Planteamos esta duda con fundamentos. Porque la realidad indica que en Argentina el Estado es el Gobierno, y el Gobierno significa las personas que lo usufructúan.Al respecto, el historiador Luis Alberto Romero ha encontrado una constante histórica. "El Estado argentino no es el Estado sueco, el francés o el chileno; ni siquiera el italiano. Desde hace un tiempo, sus gobernantes no sirven al Estado sino que se sirven de él", ha escrito.No sea que salgamos de una arbitrariedad para caer en otra.
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