El peligro y el riesgo vienen con la vida
La seguridad y la comodidad son valores sobreestimados por nuestra civilización. Pero a veces se olvida que el riesgo está unido a la vida y a la acción.Se diría que vivimos un tiempo caracterizado por una aversión al riesgo. Florecen en todo los terrenos la seguridad y los seguros. Y los ciudadanos incluso están dispuestos a canjear su libertad, a cambio del dominio del Estado providente.La llamada "política social" de los gobiernos responde al axioma según el cual para cada necesidad hay un servicio burocrático; para cada demanda social, un organismo estatal, dirigido a subsanar los desajustes de la vida de los individuos.Friedrich Nietzsche dice que uno de los signos de decadencia del orden burgués racionalista es la represión de la capacidad de riesgo, que constituye el meollo, según su parecer, de la vida misma.Asumir el riesgo, la aventura, es decir sí a la vida, decía el filósofo alemán. Como sea, parece haber una tendencia humana a cubrirse frente a la incertidumbre y a la hostilidad del entorno.El hombre es alguien que está dispuesto a pagar algunos costos importantes, a condición de obtener protección. Por ejemplo, puede preferir un trabajo seguro aunque de bajo salario, a tener uno que le reporte buenos ingresos pero que no sea estable.En política hay sociedades que acepten vivir en regímenes autocráticos que otorgan seguridades aparentes, aunque al alto precio de enajenar el ejercicio de la libertad.Una civilización técnica montada sobre la premisa de hacer la existencia segura y libre de sobresaltos para los humanos -como parece ser la nuestra- ¿acaso ha eliminado el riesgo?Ésta es una de las paradojas de la época: pese a los adelantos de todo tipo, a la extensión de los servicios del Estado protector y paternalista, a la oferta privada de seguridad, la vida sigue siendo peligrosa.Por ejemplo, los medios de locomoción fueron perfeccionándose con el argumento de que ser más seguros y confortables, sin embargo eso no ha eliminado los accidentes.Hoy los accidentes de automóvil nos conmueven, ocasionan más víctimas que cualquier enfermedad. Y cada tanto nos enteramos de que hay barcos que se hunden, aviones que caen y trenes que se descarrilan.El teórico cultural y urbanista Paul Virilio, sostiene que el accidente es la cara oculta del progreso. "No hay un progreso total: el progreso siempre es relativo, ya sea en el dominio económico, en el científico o en el técnico. No hay progreso sin su sombra; y el accidente es su sombra", ha dicho.El psicólogo Sergio Sinay explica que la inseguridad no es una coyuntura eliminable, sino un ingrediente natural de la vida, viene con ella.Tras calificar la vida como una "aventura de final incierto", cuya esencia es el riesgo y lo imprevisto, considera una ilusión insensata pretender aspirar a una seguridad absoluta."Quien procura prevenirse contra todos los riesgos suele terminar protegiéndose nada menos que de la vida", reflexiona al explicar que nuestra existencia misma, como seres mortales, está atravesada por el peligro.El dinero, el poder, los blindajes físicos (de casas, autos y demás), y los nichos emocionales (mantener pocos vínculos, sospechar del otro), en los cuales se buscan seguridades, son fortalezas ilusorias, dice Sinay, que acaso conduzcan a males mayores, toda vez que así se paraliza la vida misma."No hay ciencia, no hay creencia, no hay receta mágica que nos garantice seguridad. Somos seres equipados para vivir y desarrollarse en la incertidumbre", concluye.
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