El peronismo y sus dos caras se regocijan ante el vacío opositor
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La argentina ya vive el pos kirchnerismo y trata de digerirlo lo mejor posible. Por supuesto que si sólo el almanaque guía los pasos, este dirá que aún faltan 16 meses para que la Presidenta termine su mandato constitucional. Leer nota completa.Jorge BarroetaveñaLa argentina ya vive el pos kirchnerismo y trata de digerirlo lo mejor posible. Por supuesto que si sólo el almanaque guía los pasos, este dirá que aún faltan 16 meses para que la Presidenta termine su mandato constitucional. Y así será, aunque la expectativa de una transición tranquila parece haberse esfumado. Los problemas se siguen acumulando y el próximo inquilino de la Casa Rosada recibirá toda la herencia. Después de más de una década en el poder llamó la atención la definición de Carlos Zanini, alguien que transita las entrañas oficiales desde la génesis del kirchnerismo: las corporaciones todavía marcan la agenda, dijo en medio de la defensa del proyecto para cambiar el lugar de pago a los bonistas en el Congreso. Sus palabras, mencionadas con el Ministro Kicillof al lado, bien podría ser considerada la admisión más patente de un fracaso del modelo, que supo tener un poder casi infinito en estos años y lo supo usar.Cuando los libros de historia hagan el balance de los últimos 10 años no podrán soslayar que Néstor Kirchner primero y Cristina después, construyeron su influencia con astucia y sagacidad. Avanzaron sobre una oposición indemne, maniataron al peronismo hasta vaciarlo de contenido, y encararon reformas de fondo, tomando decisiones polémicas que generaron resistencia. Con recordar apenas la Ley de Medios, la estatización de las AFJP o la expropiación de Repsol-YPF alcanza. Nunca se trató pues de un gobierno al que le faltara poder o dudara en enfrentarse a las corporaciones, tal como las describió Zanini.Pero el lamento del funcionario presidencial tiene una explicación sencilla, que va más allá de las peleas y los enfrentamientos con los poderes concentrados: es regla de la democracia que los mandatos terminen y la gente vote para elegir un nuevo gobierno. Dentro de esta lógica constitucional, se balancea la fortaleza de un gobierno. Y cuánto más cerca está de concluir, menos poder tiene. Tan simple como eso.Si la sociedad en general, cuando puede apartarse de sus problemas cotidianos ya piensa en lo que vendrá, mucho más aquellos sectores que pueden tener influencia en el futuro gobierno. Existe además una continuidad jurídica que hace que las decisiones que hoy toma la Presidenta impacten de lleno en la gestión de quién la suceda. A los ojos del modo de construir poder que ha tenido el kirchnerismo puede parecer una derrota pero no lo es. Es el tránsito normal de un país que lleva 4 décadas de democracia ininterrumpida y está bien que así sea.Por eso, cada día que pasa, aumenta la responsabilidad de los que pintan serio para llegar a la Casa Rosada. Hoy, a poco más de un año de los comicios que deberán definir al Presidente, todo indica que estrenaremos el ballotaje, a la Argentina, tal como lo pergeñaron Menem y Alfonsín en la reforma constitucional de 1.994.Debería pasar una catástrofe para que alguno de los candidatos hoy mejor posicionados supere el 45% de los votos. Lo mismo que le saque 10 puntos de ventaja a su inmediato perseguidor. Esta mera posibilidad pues, que se agiganta a medida que pasan los meses y se consume el calendario electoral, aviva las especulaciones y mantiene encendido el fuego de la campaña, que formalmente no empezó, pero ya se juega en los que tienen aspiraciones.El inoxidable Daniel Scioli se debate a capa y espada entre su defensa del modelo y esos votos que necesita para llegar a la presidencia. Confía a ciegas en su discurso ambivalente y tierno, nada confrontativo, como contraposición a los modos del kirchnerismo duro, que justamente por eso nunca lo quiso y siempre le desconfió. En su caballito de batalla, la lucha contra el delito, convive su propio Talón de Aquiles. Buenos Aires es una provincia imprevisible, difícil de manejar y con una sorpresa a cada rato. Pero Scioli tiene una esperanza: imponerse por el devenir natural de los acontecimientos y que el kirchnerismo no pueda instalar un candidato. El globo de Kicillof se pinchó rápido, desmentido por él mismo, Randazzo no es un puro y el resto todavía no despega, aunque Rossi y Taiana también se lanzaron. Claro que, para llegar a la segunda vuelta, al ex motonauta no le alcanza con los votos kirchneristas, necesita conquistar una masa crítica a la que alguna vez sedujo. Ahí entrará en colisión con el resto de los candidatos opositores y sobre todo con Sergio Massa que el año pasado en las legislativas, le perforó la base de sustentación al oficialismo en los grandes distritos de la Provincia de Buenos Aires. El tigrense, que se las vio en figurillas para armonizar a su equipo económico por el debate de los buitres y el proyecto que el gobierno envió al congreso, sumó su primera gran perla al acordar con el gobernador de Río Negro el pase a sus filas. Lo mismo busca repicar en las demás provincias, con dispar suerte por ahora. Su apuesta es aglutinar todo lo que no sea kirchnerista pero huela a peronismo y darle sustento con los intendentes. Una muestra es el pase del jefe comunal de Bahía Blanca, una de las ciudades más grandes de la provincia. Hasta ahora Massa surfeó la ola de su victoria electoral del año pasado, pero tendrá que demostrar algo más para meterse en la segunda vuelta.Entre Macri y UNEN estará el rival de los dos peronismos. Divididos disminuyen notablemente sus chances de pelear mano a mano y juntos podrían dar el zarpazo. En ambos convive una contradicción insólita: desde Buenos Aires tienen una percepción distinta a la del interior del país. Mientras las cúpulas se pelean, en la dirigencia de base no paran los movimientos que acercan a radicales y macristas. Sucede en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, tres distritos grandes. Este choque de realidades deberá salvarse rápido y no les queda mucho tiempo. El peronismo, con sus dos caras, se restrega las manos y saborea por anticipado: ¿su permanencia en el poder?
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