El político genial que brillaba en San Martín
Quizá haya sido su virtud como militar la más reconocida en José de San Martín, del que hoy se recuerda un nuevo aniversario de su fallecimiento. Sin embargo, se pierde de vista que el padre de la emancipación debió ser un genio político.Se ha escrito mucho sobre las dotes militares del Gran Capital. Pero ese gran estratega -formado en la mejor escuela europea- fue ante todo alguien que vio más que otros.Porque San Martín no fue un soldado contratado para la guerra emancipadora. Como quien presta su servicio técnico a una empresa decidida por otros. No, él fue el líder político del proceso libertador en estas tierras.Fue el inspirador supremo de la causa americana. Y en este sentido tenía la previsión del futuro, propia del político. Ninguno como él vio la importancia de emancipar la colonia, por encima de cualquier otra prioridad.Por eso exhortaba a deponer las diferencias internas. Y así le escribía a Estanislao López, gobernador de Santa Fe, en 1819: "Unámonos, paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan; divididos seremos esclavos; unidos estoy seguro que los batiremos; hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor".Sólo alguien que veía más allá, el previsor, el que comprendía a lo grande la situación política de nuestros pueblos, podía opinar así. La carta a Estanislao López es conmovedora. Allí aparece todo el espíritu sanmartiniano:"Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas. (...) Transemos nuestras diferencias; unámonos para batir a los maturrangos que nos amenazan y después nos queda tiempo para concluir de cualquier modo nuestros disgustos en los términos que hallemos por convenientes sin que haya un tercero en discordia que nos esclavice".
Sobre San Martín, como se ve, no sólo pesaba la ingeniería de la empresa emancipadora. No sólo debía estar al tanto, en cada detalle, de los factores militares en juego. Para él la guerra era el instrumento de una causa política superior.No había dificultad, por tanto, que pudiese doblegar su determinación. Porque la emancipación se haría -como efectivamente ocurrió- sin ayuda externa, algo que no tuvo paralelo en los anales de la historia americana.De ahí que llegó a decir: "Si no hay quien fabrique zapatos, andemos con ojotas; si faltan sillas, nos sentaremos en cabezas de vaca, si no tenemos que ponernos, andaremos en pelota como nuestros antepasados los indios".El político brillaba, también, en las exhortaciones que hizo antes de embarcarse hacia el Perú. San Martín, preocupado por las luchas intestinas, se dirige a los habitantes de las Provincias Unidas en proclama del 22 de julio de 1820, en estos términos:"Vuestra situación no admite disimulo; diez años de constantes sacrificios sirven hoy de trofeo a la anarquía; la gloria de haberlos hecho es mi pesar actual cuando se considera su poco fruto".Trascartón agregaba: "Si dóciles a la experiencia de diez años de conflictos no dais a vuestros deseos una dirección más prudente, temo que cansados de la anarquía suspiréis al fin por la opresión y recibáis el yugo del primer aventurero feliz que se presente, quien lejos de fijar vuestros destinos, no hará más que prolongar vuestra incertidumbre".
Nunca la voluntad esclarecida -el abecé de la política- brilló con luz más viva en la Argentina que en el caso de San Martín, llegó a decir con justicia el historiador Julio Irazusta. ¡Qué contraste entre este espíritu superior y la politiquería de nuestros días!.
Sobre San Martín, como se ve, no sólo pesaba la ingeniería de la empresa emancipadora. No sólo debía estar al tanto, en cada detalle, de los factores militares en juego. Para él la guerra era el instrumento de una causa política superior.No había dificultad, por tanto, que pudiese doblegar su determinación. Porque la emancipación se haría -como efectivamente ocurrió- sin ayuda externa, algo que no tuvo paralelo en los anales de la historia americana.De ahí que llegó a decir: "Si no hay quien fabrique zapatos, andemos con ojotas; si faltan sillas, nos sentaremos en cabezas de vaca, si no tenemos que ponernos, andaremos en pelota como nuestros antepasados los indios".El político brillaba, también, en las exhortaciones que hizo antes de embarcarse hacia el Perú. San Martín, preocupado por las luchas intestinas, se dirige a los habitantes de las Provincias Unidas en proclama del 22 de julio de 1820, en estos términos:"Vuestra situación no admite disimulo; diez años de constantes sacrificios sirven hoy de trofeo a la anarquía; la gloria de haberlos hecho es mi pesar actual cuando se considera su poco fruto".Trascartón agregaba: "Si dóciles a la experiencia de diez años de conflictos no dais a vuestros deseos una dirección más prudente, temo que cansados de la anarquía suspiréis al fin por la opresión y recibáis el yugo del primer aventurero feliz que se presente, quien lejos de fijar vuestros destinos, no hará más que prolongar vuestra incertidumbre".
Nunca la voluntad esclarecida -el abecé de la política- brilló con luz más viva en la Argentina que en el caso de San Martín, llegó a decir con justicia el historiador Julio Irazusta. ¡Qué contraste entre este espíritu superior y la politiquería de nuestros días!.
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