El precio del amor y una Navidad gasolera
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/646/0000646523.jpg)
¿dónde mira tu gente sin ver?"
(CANCIÓN DE JOSÉ, de Ricardo Roscelli)Monseñor Jorge Eduardo Lozano El amor no tiene precio. Lo sabemos. Y si para amar hay que pagar, eso no es amor.Cuando hacemos un regalo por un cumpleaños, o porque sí, lo que buscamos es agradar a la persona homenajeada. Pensamos en sus gustos musicales, de ropa, de lectura, o tal vez en lo que pueda necesitar.Para la Navidad —el cumpleaños de Jesús— solemos intercambiar regalos, por lo general, sencillos. No obstante, en estos días algunos centros de compras parecen hormigueros pateados de la cantidad de gente entrando y saliendo. A veces con gastos caros o de gustos refinados. Sin embargo, esa fiebre consumista y derrochadora que tanto espacio tiene en algunos medios de comunicación no está al alcance de todos. Más bien es una costumbre de una parte de la sociedad.Permitime que te proponga algo distinto. ¿Por qué no pensar un rato en lo que de verdad necesitan las personas a las que querés tanto? Tomate tu tiempo. Es muy probable que eso que pensaste no tenga precio, no esté de "oferta" en algún negocio.Me animo a sugerirte algo que me está dando vueltas en el corazón. Te invito a tener una "Navidad gasolera" con los que tenés cerca, y derrochadora con los que te parece que están lejos y te resultan desconocidos.Capaz que ya compraste tus regalitos o te estoy avisando un poco tarde. Pero igual lo podés intentar.Cerca de tu casa o de tu lugar de trabajo tal vez estén organizando una comida para los pobres, o preparando algún emprendimiento solidario. Fijate si podés arrimar alguna ayuda material, o tu tiempo, mucho mejor.El Papa Francisco habla insistentemente en la necesidad de achicar distancias y hacernos cercanos a los hermanos, especialmente a los pobres. Nos convoca a la "revolución de la ternura".Dios pensó en nosotros y se nos vino niño. Dios nos ama y se regaló hecho ternura para rescatarnos del aislamiento y la soledad. Él pensó en lo que de verdad necesitamos y se muestra derrochador de cariño.El pesebre es una bella expresión de sencillez y profundidad de amor. El hijo de Dios se presenta frágil rodeado del cariño de su familia, pero dejado de lado por los importantes y prepotentes. Se agachó para levantarnos en brazos y mimarnos. Una Navidad distinta es posible.Depende de vos.Y no tiene precio. Obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
Este contenido no está abierto a comentarios


