El precio oculto que se paga por las tecnologías
En nuestra era dependiente de las tecnologías, la adopción de cada nuevo dispositivo se celebra sin más. Pero se pierde de vista que dicha adopción suele dejar inactiva alguna habilidad mental o motriz.La gente que escribe habitualmente en una computadora, por ejemplo, a menudo va perdiendo la capacidad de escribir a mano. A más procesador de texto menos habilidad para traducir un pensamiento en escritura cursiva.La crisis de la "caligrafía" tiene que ver, justamente, con el hecho de que los niños utilizan todo tipo de teclados y las escuelas, al sumar el computador en el aula, empiezan a reforzar esta tendencia.Las nuevas tecnologías intelectuales -aquellas que influyen en cómo encontramos, almacenamos e interpretamos la información- están reestructurando radicalmente la mente humana.Es la tesis que suscribe la psicóloga alemana Julia Frankestein, docente de la Universidad de Freiburg, Alemania, quien en un artículo publicado por The New York Times, este año, sostiene que el GPS está sustituyendo la capacidad cerebral de construir "mapas mentales".La idea de la existencia mental de ese mapa, recuerda la especialista, fue descubierta en 1940 por el psicólogo Edgard C. Tolman, quien usó ratas y laberintos para demostrar que "el aprendizaje no consiste en relaciones estímulo-respuesta, sino en la creación en el sistema nervioso de elementos que funcionan como mapas cognitivos".Parece claro que la mente, al explorar nuevos territorios, percibe hitos a lo largo de un recorrido. Al recordar su ubicación y las relaciones espaciales entre las calles, los lugares y los hijos, puede desarrollar un mapa, gracias al cual las personas logran orientarse en la realidad.La pregunta que se hace Frankestein es: al depender de un GPS, entonces, ¿podemos perder esa habilidad cerebral al dejar de usarla?Su respuesta: "cuanto más dependemos de la tecnología para orientarnos, menos invertimos en la creación de mapas cognitivos".La psicóloga dice que, obviamente, no todo está en la cabeza. Los mapas de papel vinieron a enriquecer el mapa cognitivo, al representar las relaciones espaciales en un contexto amplio.¿Pero no deberíamos aceptar que el GPS es un buen sustituto de los mapas anticuados? La especialista contesta que no. "Los navegadores pueden ahorrarnos tiempo, pero pueden transformarse con facilidad en muletas. Si se nos llega a descomponer el GPS, nos encontraremos perdidos".Y añade: "Podemos reducir nuestra capacidad espacial al no ponerla en práctica, como pasa con alguien que aprendió un instrumento musical y luego dejó de tocar"En su opinión, crear un mapa mental por experiencia es un proceso que implica un gran desafío para el cerebro, ya que "comprende la memoria (el recuerdo de hitos, por ejemplo), así como complejos procesos cognitivos (como el cálculo de distancias, la rotación de ángulos, la aproximación de relaciones espaciales). Si dejamos de hacer esas cosas, luego resultará más difícil recuperarlas".La observación de Frankestein recuerda la advertencia de Marshall MacLuhan, cuando en la década de los '60 expuso la inquietante teoría de que nuestras herramientas acaban por "adormecer" cualquiera de las partes de nuestro cuerpo y nuestra mente que "amplifican".Así, cuando extendemos una parte de nosotros mismos de forma artificial, también nos distanciamos de la parte amplificada y de sus funciones naturales. La psicóloga alemana nos viene a advertir que al usar habitualmente el GPS podríamos estar adormeciendo la capacidad cerebral de construir nuestros propios mapas mentales.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

