El Presidente anda con la podadora en la mano, córrase porque lo corta
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El Presidente Macri es como esos podadores de árboles que todavía no conocen mucho el oficio. Lo único que tiene claro es que hay que podar, porque estamos en época.Jorge BarroetaveñaOpinión Si lo hace más adelante correrá el riesgo que la planta no crezca y se le seque o que le aparezca competencia más calificada. Por eso, va.Los primeros 60 días de la nueva administración sirvieron para saber que Mauricio Macri no es Fernando De la Rúa. Que el peronismo tendrá un rival duro de roer si quiere volver al poder y que se abre, quizás por primera vez en décadas, un desafío nuevo para la política argentina. Nadie tiene todo el poder, cada uno posee pedazos que fue, al cabo, lo que la gente decidió en las elecciones del año pasado.Al Presidente lo obliga a pensar y repensar antes de dar cada paso. No se puede dar el lujo de despilfarrar el envión de los primeros meses, pero tampoco puede cometer errores groseros que lo dejen al descubierto. Y con esa idea, la de avanzar, lo hace a tientas, a veces con aciertos y a veces con errores. El cimbronazo del tarifazo eléctrico todavía no pasó del todo, falta que las boletas lleguen a destino. Habrá aumentos de gas, y ya se registran aumentos también descomunales en las boletas inmobiliarias de muchas provincias, entre ellas Entre Ríos. Por su propio carril marchan los otros precios de la economía, esa que no sabe bien dónde está parada. Es tal la distorsión de precios de la economía real que, un mismo producto puede conseguirse, con dos cuadras de distancia, con 30, 40 o 50% de diferencia. Ahí radica el desafío más importante de Cambiemos, hacer el ajuste y que se sienta lo menos posible. Es la herencia de Cristina. Es cierto, es la herencia de Cristina, pero el argumento no va a funcionar demasiado tiempo.En esa carrera contra el tiempo, la pericia del piloto será clave en el andamiaje de protección al nuevo gobierno. Esta semana, por primera vez en varias, la Casa Rosada se vio sacudida por una gran noticia. La cuña que abrieron en el Frente para la Victoria permitirá aceitar el camino al quórum propio en la Cámara de Diputados de la Nación y quedar a salvo de cualquier intento loco del kirchnerismo. En el medio Macri demostró que no le tiembla el pulso para manotear los decretos de necesidad y urgencia, aunque eso le genere costos con sus propios socios y hasta denuncias penales. Si hay algo que la sociedad no perdona es la debilidad para gobernar. Y Macri quiere demostrar que lo pueden acusar de muchas cosas menos de débil.Serán cuatro, cinco o seis, pero es el plazo imaginario que suele dársele a los gobiernos, en los que la tolerancia es mayor que en el resto del mandato. Este mes será clave para acordar subas salariales con los docentes y la mismo tiempo tomar medida que atenúen el impacto inflacionario. La disminución del IVA para productos de consumo masivo, sobre todo alimentos, el aumento sustancial del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias y la universalización de la Asignación por Hijo. Con esas tres armas el gobierno se ilusiona que podrá bajarle expectativa a la negociación salarial e impedir que los aumentos superen el 30%. En la transición pues, habrá que impedir que el aparato de la economía se detenga y se destruyan puestos de trabajo. El cóctel es complejo y peligroso pero es lo que hay como dicen los chicos. En la poda cae de todo y nadie sabe hasta dónde llegará. Ni el propio podador siquiera. AutocríticaEl peronismo empezó el largo camino del desierto en donde los oasis de autocrítica parecen escasear. "El peronismo es un recuerdo que trae votos", suele definir certeramente Julio Bárbaro, haciendo referencia a lo poco, según él, que queda del viejo partido que fundó el líder Juan Domingo Perón. La caja, esa prenda bonita y pesada que servía para aunar voluntades y acallar a los díscolos ya no está. Y hay responsables por eso pero nadie quiere hacerse cargo. El peronismo perdió pensando que nunca podía perder con un partido vecinal y un partido que de tan viejo todavía huele a rancio. Pero las sociedades siguen sus propios mandatos y se van abriendo camino, más allá que no se lo ofrezcan.Los errores cometidos en la Provincia de Buenos Aires y en muchos otros distritos no parecen formar parte del compendio de la autocrítica. ¿Nadie se va a hacer cargo de haber elegido a Aníbal Fernández como candidato? ¿Y haberle puesto a Carlos Zanini? ¿O de ningunear hasta la burla al propio candidato que tenía que pelear con los de afuera y con los de adentro? Ese camino, el de la autocrítica y la admisión del error es áspero y peligroso. El peronismo nació como una máquina de poder y tiene en el Congreso hoy su principal sustento. Sin caja, le queda la influencia que le dan sus legisladores. Por eso la Casa Rosada festejó la fractura. En un escenario balcanizado le será mucho más fácil negociar y arrancar leyes, o al menos, impedir que se conviertan en un escollo para la gobernabilidad.Todas las caras todas de los descendientes de Perón deberán ahora dirimir sus cuitas. Si hasta Sergio Massa se anota en esa, salvo que se dude de su condición de peronista. Una nueva generación hace fuerza y cree que la etapa de los Kirchner se terminó el 10 de diciembre. Se ilusionan con dar un salto superador a lo que la gente votó en 2015, sin volver para atrás el tiempo de la política. Para ellos Cristina ya es pasado. Habrá que ver qué piensa la sociedad y qué nota le pone, en un par de años, al ingeniero que inventó un partido. Esas cosas raras que la política vernácula no se cansa de parir.
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