El Principito, un viaje hacia el alma
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Asistimos hace unos días a la representación de "El Principito, un viaje hacia el alma" en el Instituto Magnasco. No como especialista o crítico en el género, que no lo soy. Simplemente por el interés de ver como trataba el tema, Rogelio Martinelli Fuentes, ya que llevar a las tablas uno de los libros más leído y traducido de la historia (a más de 200 idiomas y dialectos), no es para cualquiera. Gustavo Rivas Más aún, cuando el elenco está constituido por niños y el tema base nunca deja de aportar nuevos enfoques.Pero el punto de mayor curiosidad, era ver como el ya conocido actor, ahora debutante como Director incursionaba en la comprometida faceta de adaptador de un texto tan singular.Y lo logró con creces. Armando un cuadro de cada capítulo del original de Antoine de Saint Exupery y poniendo en boca de los personajes que alternaban con El Principito, parlamentos que respetan el original. Pero, sin desvirtuarlo, contienen mensajes adaptados a la actualidad, para resaltar las contradicciones entre lo que dicen y hacen "los grandes". Y confrontarlo en cada escena, con el razonamiento de los niños, absolutamente libre de ataduras, espontáneo y puro. En algunos casos cambió el género del personaje original presentándolo como mujer. En otros directamente innovó más, como en el cuadro de las mujeres generalas.De este modo, cuando se llega al final, el espectador - y eso es lo que vale- queda marcado por los mismos efectos de la lectura del libro. Es decir, más sensible a esa red de ataduras del mundo de los mayores, que los niños -sin ellas- pueden señalar y rechazar con fresca espontaneidad. Y con nuevas preguntas, que nunca dejaran de surgir con el paso de los tiempos.Lo otro que nos interesaba, era el trabajo actoral de los niños. Deslumbraron. Con buena dicción, sin el cantito típico de los chicos, y excelente gesticulación apoyada en la expresión corporal. Y claro, ¿Cómo no va darse esto último? si a medida que transcurre la obra vamos descubriendo que a varios de ellos los vimos bailar unos días antes en la gran presentación de Nina Fuentes. Es el caso de Pablo Nemes, que personificó al Principito, quien fue uno de los bailarines centrales en "La Historia Sin Fin". Lo mismo vale para otros "multiartistas", como Ailin Dunn , Martina y Tomas Andrade, Fabiana Aristimuno, Tamara Nemes, entre otros.Auspicioso comienzo para este novel Director, que además reúne una múltiple experiencia, como actor, guionista, adaptador, potencial autor, y algo cada vez más importante: eficiente productor.Es de destacar, que el público aplaudió de pie la espléndida obra, que también tuvo la puesta en escena de iluminación, sonido y escenografía a las que ya nos ha acostumbrado Rogelio.
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