Editorial | Estados Unidos

El problema kurdo y el temor a la limpieza étnica

La decisión de Estados Unidos de retirar sus tropas de Siria, finiquitando así su alianza con las fuerzas kurdas, pone a éstas a merced de un ataque furibundo del régimen de Turquía.

Hasta ahora las milicias kurdosirias Unidades de Protección del Pueblo (YPG), fueron en la región uno de los más fieles aliados de Washington en la lucha contra el Estado Islámico (EI-ISIS).

Pero el retiro norteamericano de la zona da vía libre para que Turquía lance una ofensiva militar de proporciones contra ese grupo, al que el régimen de Ankara considera “terrorista”, por sus vínculos con la guerrilla kurda activa en Turquía.

El presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró el lunes que “es hora de salir de ridículas guerras sin fin” al justificar su anuncio de retiro de las tropas norteamericanas de Siria, y remarcó que Washington solo librará batallas en “su beneficio”.

Trump informó de su decisión a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, por medio de una llamada telefónica. Ahora Erdogan dice que es “inminente” una intervención militar contra las milicias kurdosirias en el este del río Eufrates.

Además Erdogan anunció que pretende transferir al noreste sirio a 2 de los 3 millones y medio de refugiados sirios, actualmente en Turquía. Los kurdos advierten que el plan de Erdogan es “llevar a todas estas personas a la fuerza a una región de mayoría kurda con el objetivo de realizar una limpieza étnica”.

En tanto en Estados Unidos legisladores demócratas y republicanos han puesto el grito en el cielo ante la retirada norteamericana de la región. Aseguran que esta acción “traiciona a los kurdos, refuerza al EI-ISIS y pone en peligro a Estados Unidos”, como ha señalado el congresista republicano Peter King.

La medida reavivó el debate sobre el problema kurdo, la minoría étnica sin Estado más grande del mundo, que ha sido hasta aquí aliada clave de Estados Unidos en Medio Oriente.

Los kurdos son más de 30 millones, pero no tienen soberanía sobre ningún territorio. Muchos viven en Siria, donde combatieron a EI-ISIS y ganaron numerosos espacios. Pero la retirada de Estados Unidos los deja ahora a merced de Turquía, su peor enemigo.

Kurdistán es una región de Medio Oriente no delimitada explícitamente. Abarca entre 300.000 y 400.000 kilómetros cuadrados, repartidos entre Turquía, Irak, Irán y Siria. Lo que la distingue es que es el territorio en el que siempre estuvieron asentados los kurdos.

Las raíces culturales e históricas de este grupo étnico son muy cercanas a las de los iraníes, pero tienen su propio idioma. Si bien son musulmanes, la rama mayoritaria es el islam suní, no el chií.

Descendientes de los medos, se asientan desde hace más de 30 siglos en la extensa región del Kurdistán, cuyo subsuelo tiene una de las mayores reservas acuíferas y petrolíferas de Medio Oriente.

El pueblo kurdo es indoeuropeo y su sociedad es fuertemente tribal. Considerados grandes guerreros (“kurdo” significa “héroe” en persa), paradójicamente, han vivido siempre dominados. No obstante, los kurdos gozaron de relativa autonomía tanto durante el Imperio Persa como al principio del Imperio Otomano. A partir del siglo XIX, no dejaron de sucederse las rebeliones kurdas.

No ha habido hasta ahora ninguna iniciativa internacional para encontrar una solución global a la “cuestión kurda”, que genera fuerte inestabilidad en todo Medio Oriente.

El dato es que la represión sangrienta ha sido una constante en los países con población kurda.

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