El problemático destino de la basura electrónica
La aparición de 30 monitores de computadoras tirados en la orilla del río Gualeguaychú no sólo es tema de irresponsabilidad vecinal. Es un botón de muestra de un problema que aqueja a la sociedad tecnológica.Resulta reprochable que haya personas que arrojen material electrónico, altamente contaminante, justo a la vera del curso de agua, cuando la municipalidad cuenta con un espacio para acopio de esos elementos.Lo insólito es que el centro para recolectarlos está a pocos metros del sitio donde fueron encontrados los objetos de origen informático. Con lo cual, el acto parece una broma de mal gusto.De todos modos, esto de tirar basura de cualquier tipo en espacios públicos es un mal hábito instalado en un sector social de Gualeguaychú. Desde quien arroja el paquete de cigarrillos vacíos, o el envoltorio de una golosina en la calle, hasta quien tira la basura domiciliaria en terrenos baldíos o lugares de uso común, todos dan una muestra de absoluta desaprensión en materia de higiene urbana.Según informa la Dirección de Ambiente y Desarrollo Sustentable, la comuna promueve el reciclado y reutilización de equipos electrónicos y eléctricos. De todos modos, la cuestión es compleja y global.El tema de la basura electrónica es uno de los desafíos cruciales de la civilización tecnológica. Y esto por el alto impacto ambiental que generan los materiales con los que están hechos los artefactos.Esos equipos contienen elementos que no son biodegradables. La plaqueta de un celular o una computadora tiene mercurio, bromo, cadmio, plomo y selenio, entre otros contaminantes peligrosos, según la ley argentina de residuos peligrosos.¿Qué hacer, por tanto, con la montaña de artefactos tecnológicos que quedan fuera de uso? En Argentina se generan alrededor de 120.000 toneladas anuales de basura electrónica, que en su mayoría queda almacenada en hogares, oficinas y depósitos.El resto es arrojado en basurales, donde contaminan las napas de agua, los suelos y el aire, al liberar elementos altamente tóxicos. Y esto a pesar de que los materiales con los que están hechos los dispositivos electrónicos son reciclables en un 90%.El problema es que en Argentina sólo se recicla el 2% de estos residuos. Esto provoca un doble efecto: contaminación del medio ambiente, por un lado; y desperdicios de minerales y materiales valiosos, como oro, hierre y bronce, por otro.En Europa y Japón se ha desarrollado el principio de responsabilidad extendida del productor. La idea es que el productor del bien electrónico, también se ocupe de la recolección, reciclado y disposición final del mismo.Esto significa que las empresas del sector se hagan cargo de la gestión posconsumo de lo que fabrican, a fin de reducir costos y aumentar la eficiencia de su gestión.En Argentina está en debate legislativo un proyecto que intenta aplicar ese principio de responsabilidad, cuya autoría es del senador Daniel Filmus. Aunque algunos critican la iniciativa porque, dicen, plantea la creación de un ente burocrático que sólo aplicará tasas y multas, sin responsabilidad sobre la disposición final.Otros opinan que el concepto de responsabilidad debería extenderse más allá de la empresa fabricante, y alcanzar a distribuidores, comercializadores, gestores, consumidores y distintos estamentos gubernamentales.La ONU calcula que se producen 50 millones de toneladas de esta clase de residuos al año. La eliminación inapropiada de estos desechos libera peligrosas sustancias químicas y metales pesados en el medio ambiente. Por eso es un problema global.
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