El reciclaje del capitalismo global
No es la primera vez que el capitalismo está a la deriva. La crisis de 1929, que originó la Gran Depresión, amenazó también su hegemonía. Algunos creyeron que la humanidad giraría hacia el comunismo, triunfante entonces en la Unión Soviética.
El fantasma de Carlos Marx, que había predicho el triunfo ineluctable del proletariado, acechó a Occidente con fuerza. La revuelta social en una situación de desempleo masivo socavaba las bases del sistema.
Lo doctrina del laissez-faire, la creencia básica de que el sistema se regula “automáticamente”, se desmoronó. Y en su lugar, como respuesta correctiva, el Estado intervino para incentivar la demanda, según la sugerencia del economista británico John Maynard Keynes.
Aunque aceptaban que el mercado no era perfecto, a los líderes occidentales de entonces les espantaba no obstante la perspectiva del comunismo, que postulaba la colectivización de los medios de producción. Por eso estuvieron dispuestos a aceptar la intervención estatal en la economía.
Nadie describió tan perfectamente la hipótesis de que el comunismo era un remedio peor que la enfermedad como Winston Spencer Churchill (1874-1956), primer ministro británico durante la 2da. Guerra Mundial:
“El vicio inherente del Capitalismo es el reparto desigual de los beneficios; el vicio inherente del Socialismo es el reparto equitativo de la miseria”, dijo.
Finalmente, el capitalismo se reconvirtió bajo la amenaza de la rebelión social. En Occidente sobrevino así, el más formidable desarrollo socioeconómico de la historia, conocido como “Estado de Bienestar”.
La “edad de oro del capitalismo”, como la llamaron algunos historiadores, se caracterizó por el pleno empleo y el nacimiento de la sociedad de consumo. Los trabajadores y la clase media pudieron acceder a bienes hasta entonces sólo al alcance de unos pocos privilegiados.
Pero la estanflación mundial de los ‘80 generó el abandono de este estado y el advenimiento del movimiento monetarista que venía, según sus ideólogos, a salvar al capitalismo del excesivo intervensionismo estatal.
Los años ‘90 transitaron en un mundo unipolar. El comunismo había colapsado y el capitalismo se encontró sin competencia. El llamado “Consenso de Washington” supuso en esa época el triunfo de las ideas liberales en economía.
Ahora este paradigma, a partir del colapso financiero mundial, acaba de ser abandonado en la Cumbre del G-20, ocurrida en Londres, lo que marca una nueva vuelta de rosca del capitalismo.
El primer ministro británico, Gordon Brown, saludó lo que llamó “el comienzo de un nuevo orden internacional”, y el presidente Barack Obama un “hito histórico”. En esencia, las medidas que se anuncian buscan regular los flujos financieros globales.
Hay conciencia acerca de que los abusos de la economía capitalista –cuyo “vicio es el reparto desigual de los beneficios”, al decir de Churchill- nos ha llevado a la presente crisis.
El presidente del fortalecido FMI, Strauss-Kahn, acaba de decir que “si no se hacía nada, en países pobres podía haber consecuencias como revueltas, amenazas a la democracia o guerra civil”.
¿Entrará la humanidad, a partir del nuevo consenso, en un período de prosperidad, como ocurrió en el pasado? ¿Atenuará los impactos de la injusticia por la cual los fuertes explotan a los débiles y aventará así el fantasma de la rebelión social?.
Este contenido no está abierto a comentarios

