El recuerdo de la inmigración italiana
Hoy, 3 de junio, se celebra el Día del Inmigrante Italiano en la Argentina, un país conceptuado como una "segunda" Italia, por la gran afluencia de itálicos que han arribado a estas playas.Curiosamente, Manuel Belgrano, prócer argentino, tiene mucho que ver en este festejo. Y esto porque el creador de la Bandera Argentina nació el 3 de junio de 1770.Y si bien su lugar de nacimiento fue en Buenos Aires, su ascendencia proviene de Italia. Su padre Don Doménico Belgrano y Peri provenía del país europeo.Por ello, en honor al natalicio de Belgrano, el gobierno argentino promulgó la Ley 24.561 en 1995, que establece que cada 3 de junio se festeje el Día del Inmigrante Italiano.La influencia de la inmigración italiana ha sido notable en la conformación del biotipo argentino. El dato es que entre nativos y descendientes con doble ciudadanía argentina e italiana se calcula que el 47% de la población de nuestro país tiene antecedentes de esta nacionalidad.Desde que el gobierno del Primer Triunvirato argentino ofreció el 4 de septiembre de 1812 protección a los inmigrantes que habitaran el territorio, los italianos llegaron a alcanzar en 1914 picos de población de casi un millón en la Argentina (escapando así de las precariedades de las guerras del Viejo Continente), seguidos por los españoles en mayor número de residentes.Sus aportaciones al país hicieron que cada 3 de Junio se conmemore el Día del Inmigrante Italiano, eligiendo el día del nacimiento del político y militar Manuel Belgrano (de padre genovés), referente para esta comunidad.Al arribar a estas playas, los inmigrantes debían comenzar una nueva vida. Construir nuevas raíces y empezar de cero. Una meta que nunca resultó fácil por aquello del desarraigo y a veces por la hostilidad que despierta todo extranjero.Entre 1880 y 1930 más de 4 millones de italianos emigraron hacia la Argentina, que aparecía como una meca de prosperidad para muchas familias europeas que sufrían de hambre, consecuencia traumática de la Revolución Industrial en el Viejo Continente."Ningún país del mundo ofrece mayores ventajas al agricultor y al ganadero. Clima templado y sano, tierras a bajo precio y fértiles, fáciles para trabajar; llanuras vastísimas, cada especie de ganado a precio tan módico como no se consigue en otra parte; grandes líneas ferroviarias; comunicaciones casi diarias con Europa, instituciones iguales a las de Estados Unidos, pero más liberales para los extranjeros, ya que pueden ser propietarios sin comprometer su nacionalidad", decía un Annunzio Ufficiale de mediados del siglo XIX que alentaba a viajar a la Argentina.Los italianos vinieron a traer su fuerza de trabajo a estas latitudes. A ellos les habló en 1870 Bartolomé Mitre durante un largo discurso en el Senado: "Los agricultores de Lombardía, del Piamonte y de Nápoles, los más hábiles y laboriosos de Europa, han sembrado los cereales y hortalizas realizando esos oasis de trigo que rompen la monotonía de la inculta pampa. Sin ellos no tendríamos legumbres ni conoceríamos las cebollas y las papas, puesto que en materia de agricultura estaríamos igual que los pueblos más atrasados de la Tierra".La impronta italiana en la sociedad argentina está a la vista. "Los hijos de éstos nos gobernarán", dijo Sarmiento. Y no se equivocó, ya que los descendientes de italianos ocuparon luego posiciones de relevancia política, económica y cultural.
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