El retorno de los grupos piqueteros
De un tiempo a esta parte se verifica un recrudecimiento de la actividad piquetera, a caballo del reparto de planes sociales. Animada por grupos sociales diversos, esta modalidad ya es un clásico argentino.Los "piquetes" en la vía pública son el sello distintivo de organizaciones informales cuyos móviles son difíciles de calibrar. Es un variopinto conglomerado donde coexisten facciones con ideologías y pertenencias diversas.Puede combinar la protesta de trabajadores desocupados, viejas prácticas de clientelismo político, militantes rentados por el poder, o grupos radicalizados de izquierda.Una cosa los unifica: el modo de manifestarse. La táctica elegida es el corte de rutas y calles. La ocupación del espacio público, impidiendo el tránsito, ha sido y es lo que los distingue.La demanda podrá ser distinta, dependiendo de quién la hace y por qué, pero con la misma metodología, que a esta altura de los acontecimientos se ha convertido en un invento argentino.Invento que es manifestación de la pérdida de la noción de orden público, que aqueja de raíz a la Argentina, un país que vive desde hace tiempo al margen de la ley y la norma.A tal punto el piquete es nacional y popular que el gobierno K tiene un ala piquetera en el poder. Luis D'Elía y Emilio Pérsico son los exponentes más encumbrados de esta estructura para-estatal.Una estructura financiada con recursos públicos, a través de planes sociales, que al poder le garantizaría, según se especula, el control de la calle, una obsesión de este gobierno.Para algunos, el piqueterismo oficial es una verdadera fuerza de choque K, que puede ser utilizada para fines múltiples, en especial para demostrar poder callejero.Este esquema se complementa con el aporte considerable de los sindicatos, representados en la CGT, histórica aliada de gobiernos peronistas. Así, las caras sociales visibles del poder K son tanto D'Elía como Hugo Moyano.Sin embargo, en su origen el movimiento piquetero fue contestatario, no para-oficial. Surgió en el sur del país (Cutral-Co y Plaza Huincul), en 1996, en respuesta a los despidos producidos a raíz de la venta de YPF.La actividad de estos piqueteros sureños consistió en impedir el tránsito en las rutas nacionales adyacentes en apoyo de sus demandas. Posteriormente, el procedimiento fue imitado por otros despedidos en General Mosconi, Salta.A pesar de la gran resonancia que tuvieron estos cortes, los reclamos fueron generalmente modestos: la asignación de subsidios estatales o el aumento de los mismos.La cosa cambió desde el año 2001. La hecatombe social, que se había llevado puesto al gobierno de entonces, generó el marco para la multiplicación del piqueterismo.El fenómeno social no sólo ganó en magnitud sino que se diversificó en los últimos años. Algunos grupos, por ejemplo se encuadraron formalmente en organizaciones sindicales (como la CTA) y partidos políticos de izquierda (Partido Obrero).Otros se hicieron oficialistas, y entraron a formar parte del esquema de poder K. Otros parecen mantener una cierta autonomía de funcionamiento, como la Corriente Clasista y Combativa (CCC), que lidera Carlos Alderete.Por otro lado, después que el kirchnerismo se alió a los minigobernadores peronistas del conurbano, para enfrentar las últimas elecciones, hubo desprendimientos en el piqueterismo oficial, como Barrios de Pie y otros.El país asiste por estos días a una puja de todos estos grupos por los nuevos planes sociales anunciados por el gobierno, quien aparentemente procura recrear su poder territorial, beneficiando con ellos a grupos afines.
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