El riesgo de perder la chaveta
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Casi todos los procesos electorales trasuntan nerviosismo y desequilibrios. El oficialismo considera que su final está próximo. Es sólo un pronóstico parcial que puede ser erróneo, pero ciertos dichos y actitudes despiertan curiosas sospechas de esa sensación. Mario Alarcón Muñiz Restan apenas dos semanas para el ballotage. Nadie duda que viviremos el período con intensidad. Es natural que así ocurra, pues se trata de la definición del rumbo nacional. Lo que no se entiende demasiado es la desesperación de algunos protagonistas de la escena política, actuando y hablando como si el mundo se terminara el domingo 22.Esto se advierte de manera notoria en el oficialismo. Durante la última semana se acumularon datos elocuentes de la preocupación que en el gobierno y sus partidarios provoca la posibilidad de un triunfo opositor. Hasta hace pocos meses se presentaba como una alternativa distante. Las elecciones primarias del 25 de octubre encendieron la luz de alarma. Ahora está allí, a la vuelta de la esquina.El discurso presidencial del último viernes fue un claro signo de que el kirchnerismo cree estar a un paso de perder el gobierno. De otro modo no se explica la advertencia de CFK sobre el riesgo de que el país se incendie como sucedió con De la Rúa o la identificación de éste y Macri porque ambos fueron jefes de gobierno de Buenos Aires. Avanzó peligrosamente la Presidenta al referirse "al helicóptero", insinuando una futura destitución y sembrando incertidumbre.Es lógico -necesario, además- que un político defienda sus ideas y argumente en el sentido que crea conveniente. Pero de ahí a vaticinar tragedias nacionales "si no estoy yo", hay una distancia que sólo se cubre con transgresiones a la legalidad y la ética.En otras palabras, la Presidenta ha predicado el absolutismo. Su continuidad o la de un delegado suyo en el poder es -según se desprende de sus palabras, aunque no lo haya dicho literalmente así- la única posibilidad de que el país funcione adecuadamente. En consecuencia, niega la alternancia, uno de los pilares de la democracia.Una foto de la ridiculez A esta versión criolla del fascismo adhiere con entusiasmo el candidato Daniel Scioli. El conocido discurso tendiente a identificar a su adversario del balotaje con lo peor que nos puede pasar a los argentinos, mostró estos días una variante. Consiste en ubicar a Macri junto a Menem. El intento es una foto de la ridiculez. Si Macri simpatizó o no con Menem, no lo sabemos. De lo que hay constancias a montones es de la incorporación de Scioli a la política de la mano de Menem, quien lo promovió a diputado nacional en 1997, plena década menemista, aunque entonces en declinación.La denominada "campaña sucia" comprende otras desmemoriadas manifestaciones. Una de las más significativas es la de la privatización de YPF. Ya nadie parece recordar que aquel desprendimiento de la empresa estatal fue fogoneado por el entonces gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, quien por esa razón calificó a Menem como "el mejor presidente de la historia". A la vez su esposa Cristina, por entonces diputada provincial, presentó un proyecto de resolución requiriendo de las autoridades nacionales la privatización de YPF.También la entrega de la banca nacional al concentrado capital privado encontró un entusiasta propulsor en Néstor K. La compra del Banco de Entre Ríos por parte de su amigo Enrique Ezkenazi (grupo Eskenazi, grupo Petersen, propietario de los bancos de Santa Cruz, San Juan y Santa Fe) es una prueba contundente. Y hay testigos de la presión presidencial de entonces sobre el gobierno provincial para cerrar la operación.Antes del finalLas señales de preocupación oficialista por la segunda vuelta, comprenden algunas medidas de estos días, curiosamente referidas a las cuentas públicas y la Justicia. Es evidente que el gobierno en retirada considera prioritario cubrir sus espaldas.Lo prueba la sesión del miércoles pasado en la Cámara de Diputados de la Nación, donde el bloque oficialista votó fuera de reglamento -sin orden del día ni quórum- la designación de dos integrantes de la Auditoría General de la Nación con mandato hasta 2023, adelantándose a una acción que correspondía a la próxima cámara, no a la actual. La AGN es el organismo encargado de revisar las cuentas del estado, nada menos.Por separado, se supo que se tramita la designación de un medio centenar de jueces federales. Sólo en la provincia de Buenos Aires es inminente el nombramiento de 117 magistrados, trascendió ayer.Si a esto se le añade la remoción del entrerriano Juan Carlos Geminiani de su función de juez federal, a punto de declarar la inconstitucionalidad del pacto con Irán y su reemplazo por dos jueces subrogantes de reconocida militancia K, se comprueba que impera en el gobierno una firme decisión de cerrar cuentas antes del final.Equilibrio, razonabilidad, mesura, se requieren para transitar con normalidad tramos trascendentes como los actuales. Tales virtudes parecen ausentes, a juzgar por ciertas nerviosas actitudes y expresiones de los protagonistas de esta etapa singular de la vida argentina.Más de un dirigente oficialista -claro que de segunda línea- habló de "resistir el resultado si es adverso". ¿Esto qué significa? ¿Acaso es una proclama golpista? ¿Y la democracia? ¿Sólo vale si las urnas favorecen al gobierno?El jueves Scioli instó "a los trabajadores a salir en defensa propia". Es muy fácil vincular esta frase con la desobediencia institucional, vale decir el desorden. Nadie cree que Scioli sea destituyente, pero está a la vista el peligro de perder la chaveta.
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