El riesgo que se cierne sobre la Carta Orgánica
El proceso institucional abierto en Gualeguaychú, con vistas a firmar un nuevo contrato entre el Estado municipal y los vecinos, podría naufragar si prima en él la lucha partidaria.¿Es posible aislar esta discusión institucional de los avatares políticos? ¿Tiene Gualeguaychú una clase política capaz de subordinar sus apetencias de poder a una construcción superior?¿Es cierto que la dirigencia local tiene una calidad superior a la media? ¿Esto es verdad o es una ficción que se nos ha hecho creer? Estas preguntas surgen hoy con fuerza a la vista de los cruces políticos de estos días.Para ser sinceros, después de leer las declaraciones públicas de algunos líderes, todas cargadas de encono faccioso, y conocer algunos entretelones políticos de estos días, tenemos serias dudas sobre el futuro de la Carta Orgánica.Si el debate por la redacción de esta norma debe estar precedido por el mejor espíritu cívico, tanto de la dirigencia como del resto de los vecinos, la crispación política dominante no ayuda.Más bien creemos que el clima que algunos están creando, no es el de la búsqueda de denominadores comunes, sino el de la confrontación electoral. Esto agravado por un contexto de implosión de las estructuras partidarias.En efecto, partidos importantes están envueltos en una interna feroz. Padecen una fragmentación preocupante, al punto que nadie sabe quién representa a quién.Está más que claro que el sistema político de Gualeguaychú no es el de antes. Es un reflejo, en este sentido, de lo que pasa en el país, donde están en crisis los liderazgos del radicalismo y del peronismo.Esto hace, objetivamente, que se exacerbe la lucha política al interior de estos espacios. Sobre todo con vistas al 2011, esa gran compulsa electoral que en teoría definirá un nuevo esquema de poder en el país, la provincia y la ciudad.Algunos referentes partidarios locales, al parecer, no podrían sustraerse a este juego político. Y entonces no estarían dispuestos a sacar la Carta Orgánica fuera de esta lógica de confrontación.Esta discusión sobre el futuro del Estado municipal, que contempla la posibilidad de un acto comicial, les serviría de pretexto para convertirlo en un test pre-electoral, una especie de elección anticipada de aquella de 2011, que dirimirá el poder.Creemos que si esta es la lógica que va a presidir de aquí en más la discusión de la Carta Orgánica, Gualeguaychú se ha metido en un brete institucional.Si sus líderes políticos no son capaces de separar este debate -que necesita de la máxima generosidad cívica y un espíritu acuerdista-, de la disputa de poder, no hay que esperar nada bueno.Si las egolatrías individuales y los intereses de grupo prevalecen sobre el bien común, el proceso institucional abierto en Gualeguaychú habrá fracasado.Al respecto, nos llama la atención la actitud de mera negación de un sector de la oposición local. Sus referentes recrean la intolerancia que combaten y hacen uso de las mismas prácticas políticas que critican.La política es una actividad dimensional. Por un lado aspira a crear una realidad deseada. Esta es su dimensión arquitectónica. Pero por otro, quien busca ese ideal debe luchar por el poder para concretarlo. Esta es la dimensión agonal (lucha) de la política.Ahora bien, la arquitectura es el fin o bien común, mientras que la lucha por el poder es el medio para llegar a él. El problema es cuando la política se hace exclusivamente agonal.A juzgar por algunas conductas de sus políticos, hoy Gualeguaychú parece estar en estado de "agonía". Importaría más el poder que el ideal institucional de un Estado mejor.
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