El riesgo de repetir ciertas historias
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A casi un año de finalizar su gestión, el gobierno apura algunos asuntos de necesario debate. En el trámite incurre en contradicciones que no contribuyen a solucionar los problemas planteados. La de los "extranjeros" es una de ellas. Mario Alarcón Muñiz Hemos ingresado al último bimestre del año. Para la vida argentina común, no más de 45 días. Ya rondando las fiestas amontonamos los problemas en un rincón y por lo menos hasta febrero, en una de esas hasta marzo, tratamos de esconderlos o en todo caso disimularlos. Este bimestre final es el período que aprovechan los gobiernos (nacional y provincial) para empujar cosas, una tras otra. Y que salgan pronto porque el tiempo no sobra. Entonces, en la tropilla de alazanes pasa un zaino inadvertido. Si ocurre de noche, mejor.Después de un vacilante comienzo del año con muchas dudas (dólar, devaluación, inflación, crisis energética, huelgas docentes) el gobierno pudo salir de la encerrona y recuperar la iniciativa gracias a los fondos buitre y el inefable juez Griesa. Flor de motivo. El magistrado yanqui le proporcionó a CFK las herramientas que ésta necesitaba para rearmarse y recuperar posiciones.La alternativa "Patria o buitres", mala copia de la recordada "Braden o Perón", no ha producido los mismos resultados. Es lógico: han pasado casi 70 años, el país es distinto y Cristina no es Perón. Sin embargo, le vino bien al gobierno para plantarse en el centro de la escena y operar como si recién comenzara, en desmedro de los 11 años y medio transcurridos.En esa línea tiró sobre la mesa varios asuntos vitales o por lo menos complejos: ley de abastecimiento, código procesal penal, ley de hidrocarburos, ley de telecomunicaciones y el presupuesto 2015, tan enredado que merecía un estudio más pormenorizado y con mayores explicaciones al pueblo que lo sostiene. Empero, según se acostumbra, salió al galope y a las escondidas. Excluimos deliberadamente el código civil y comercial, porque si bien fue sancionado en un santiamén por la Cámara de Diputados, hacía 10 meses que allí estaba con media sanción del Senado, guardado para un nuevo estudio pormenorizado que nunca se produjo.Por la izquierda, a la derechaLo curioso es que este nuevo paquete legislativo propuesto al galope por el PE, esconde algunos asuntos contradictorios. Como ya ha ocurrido en otros temas, el discurso apunta a la izquierda, pero el rumbo toma por la derecha.Un caso bien determinado es el del código procesal penal respecto del delincuente extranjero, cuya expatriación se dispone. No será tan sencillo, porque el mismo proyecto (art.35) determina -y de esto se informa poco o nada- que la expulsión se realizará cuando la persona esté en "situación irregular" en el país, sea "sorprendida en flagrancia" de un delito, y "siempre que no vulnere el derecho a la reunificación familiar". En síntesis, expulsarán a algún pobre moreno senegalés que vende chucherías en la calle. No mucho más. Los narcos importados seguirán actuando a sus anchas, como hasta ahora, viviendo en lujosos barrios privados y negociando la merca que aterriza en pistas clandestinas de Entre Ríos o desciende por el río Paraná. "No me llames extranjero"A propósito de este proyecto, anunciado por la Presidenta hace 12 días, lo importante es determinar a quién se considera "extranjero". Obviamente, al que no tiene nacionalidad argentina, según los términos estrictos. Entonces, ¿dónde queda el concepto de la Patria Grande, tan usado en los discursos? Sin ir más lejos, el lunes el gobernador Urribarri saludó el triunfo electoral de Dilma en Brasil, porque "fortalece a la Patria Grande".Es correcto considerar compatriotas a los latinoamericanos. Así lo entendía la mayoría de nuestros próceres, hasta que los dominadores del mundo propiciaron el dibujo de las fronteras entre nosotros. "Dividir para reinar", bien se sabe.Si nos guiamos por el discurso oficial de estos días, Artigas es extranjero. También Bolívar. Ni hablar de Cornelio Saavedra, boliviano de Potosí, que presidió el primer gobierno patrio. O de nuestro Ricardo López Jordán, extranjero de Paysandú. San Martín se salva de casualidad, por algunos metros, pues nació en el límite. "No me llames extranjero, porque haya nacido lejos / o porque tenga otro nombre la tierra de donde vengo. / No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo / tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego / y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño./ No me llames extranjero, traemos el mismo grito,/ el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre / desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras,/ antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,/ los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños,/ los que inventaron un día, esta palabra: extranjero." Así lo entiende Rafael Amor que en España compuso esa canción hace más de 30 años. La ley de residenciaSiguiendo la línea del gobierno, Víctor Hugo Morales es extranjero. Lo son Gardel, José Ingenieros, García Márquez, Violeta Parra, Fidel Castro, Hugo Chávez, Julio Sosa, Borocotó (p), Vargas Llosa, Zitarrosa, Francescoli, "Chicho" Serna. La lista es tan variada como interminable.Claro que "extranjero" es también Antonini Wilson, el que trajo la valija con 800.000 dólares, supuestamente destinados a la primera campaña de CFK. "Extranjeros" son los capitales mexicanos que también aportaron para esa campaña a través de los tres comerciantes de efedrina asesinados en General Rodríguez en 2008.Es penoso, además de peligroso, alentar desde el poder la xenofobia, tanto como inducir a la confusión. Cierto es que son frecuentes las detenciones de ciudadanos, en su mayoría colombianos y paraguayos, por lo general vinculados al narcotráfico, de notable crecimiento en la última década. Pero prevalecen los delincuentes autóctonos, simplemente porque es mayor la población nativa. No es cuestión de nacionalidad, sino de conducta. El reclamo generalizado de mayor seguridad, no justifica métodos xenófobos y discriminatorios.El proyecto de actualización del código procesal penal es un tema de necesario debate. A propósito de los extranjeros, es inevitable el recuerdo de la ley de residencia 4144 -la ley Cané, de 1902- creada para reprimir los movimientos sociales gestados en su mayoría por "extranjeros". Que no se repita aquella historia.
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