El rigor chino contra la blandura occidental
El coloso asiático no sólo despierta interés geopolítico y económico. El sistema de educación en China, centrado en la disciplina, concita el debate en todo el mundo.Los estudiantes chinos, sometidos a determinadas evaluaciones internacionales, superan a sus colegas de otras naciones en ciencia, matemática y comprensión lectora.Dedicación y exigencia son las notas destacadas del carácter de estos estudiantes. Dicen que son disciplinados, cumplen sus deberes y tareas a rajatabla y pierden muy pocas clases.Allí asentarían sus éxitos académicos y la admiración de algunos educadores en Occidente, que añoran en sus países las virtudes del sacrificio y el esfuerzo en la escuela.Los analistas señalan que China está haciendo enormes esfuerzos educativos. Como parte de una estrategia para apuntalar el paso de un modelo económico basado en las exportaciones baratas a uno centrado en el sector servicios y las nuevas tecnologías.O, como se dice normalmente, pasar del "made in China" al "invented in China". Aunque lo que estaría detrás, en realidad, es la lucha por la supremacía mundial en los próximos años.Sin embargo, el modelo educativo chino tiene sus críticos. Más allá de la dedicación de los alumnos, la forma de enseñanza haría eje sobre todo en la memorización, lo que conspira contra la creatividad.Sobre el desempeño de los universitarios chinos, un profesor norteamericano ha escrito: "Si vas a las mejores universidades de EE.UU. y a los programas de doctorado, hay muchos estudiantes chinos. Nunca encontrarás a ninguno en la parte baja, todos están de la mitad para arriba".Y aclaró: "Pero el problema es que nunca verás a un estudiante chino entre el 10% de los mejores. Porque trabajan muy duro, hacen muy buenos exámenes, pero no dan el siguiente paso. Y yo creo que esto es un problema educativo".La crítica es que los chinos aprenden a copiar y memorizar; no a crear y pensar. Como sea la memorización empalma con la cultura china, que tiene una larga historia basada en la recitación de poemas y en la repetición de textos clásicos.Además esta forma básica de aprendizaje refleja la estructura social, cultural y política de China, un país dominado por una suerte de dictadura estatal que impide la disidencia y la libertad de expresión.El régimen comunista ejerce un férreo control del pensamiento de la población, a la cual se adoctrina en la ortodoxia oficial desde el sistema educativo.Los chinos que viven en Occidente consideran, no obstante, que la cultura de su país es superior, sobre todo a la hora de enseñar a las nuevas generaciones.La escritora Amy Chua afirma que el rigor y la máxima exigencia son las claves para criar chicos exitosos, lo opuesto al estilo occidental, al que considera tibio, complaciente y permisivo.Amy Chua es profesora de derecho de la Universidad de Yale, es una american born chinese (china nacida en EE.UU), y ha escrito un libro polémico que alaba a la madre china.A modo de muestra de su ideario, Chua habla de las cosas que nunca permitió hacer a sus hijas: dormir fuera de casa; participar en los juegos de red con otros niños; ver televisión o jugar en la computadora; sacar una nota por debajo del sobresaliente; tocar un instrumento que no sea el violín o el piano.Chua dice que "para ser bueno en algo que hay que trabajar y los niños por sí mismos nunca quieren trabajar, por eso es crucial ignorar sus preferencias". Y añade: "La madre china no teme ser odiada por sus hijos; siente que ella sabe lo que es mejor para ellos y por eso no presta atención a sus deseos".
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