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Opinion | Entre Ríos | Paraná | Piaggio

El río Paraná, la soberanía y la tergiversación de hechos históricos

Estimado Sr. Director: El pasado domingo 7 del corriente se publicó en el diario de su dirección una nota de autoría del Presidente Municipal, Dr. Esteban Martín Piaggio, bajo el título "Recuperar la cuenca del Río Paraná, una cuestión de soberanía".

Por Osvaldo Daniel Fernández

A continuación se consignó una bajada que expresaba “El fin de la concesión por la explotación del sistema hídrico del río Paraná, la mal llamada Hidrovía, motivó un conjunto de acciones de diversos sectores de la sociedad que lograron la fuerza necesaria para visibilizar y abrir el debate de cara a toda la población”. En este último texto se describe una situación real que es el análisis que hoy se está llevando a cabo en distintas fuerzas políticas respecto del modo en que se desarrollará el dragado, balizamiento y mantenimiento de la más importante vía de comunicación y transporte del país, hasta ahora en manos privadas, fruto de la concesión otorgada y renovada por los gobiernos del partido al que pertenece el Sr. Intendente.

Hasta aquí ese debate se da hacia el interior de los sectores políticos, en el marco de una primer anunciada decisión del actual gobierno nacional que apuntaba a que la llamada Hidrovía estuviera a cargo de un Consejo Federal integrado por el Estado nacional y los estados provinciales, que luego fue cambiada por un llamado a licitación internacional para adjudicar la tarea a una empresa privada.

No me preocupa que haya debate, al contrario, bienvenido. Lo que no comparto es que el Dr. Piaggio tergiverse hechos históricos para respaldar su posición cuando se refiere a la lucha de los pueblos por la libre navegabilidad de los ríos o pretende que esté de por medio una cuestión de soberanía. La verdad histórica no merece, en el marco del sacrificio que generaciones de entrerrianos, argentinos, uruguayos, paraguayos y brasileños han ofrendado para lograr la organización constitucional nacional y consagrar banderas de raigambre federal, que un relato forzado por interpretaciones antojadizas arroje al olvido, la confusión y la acusación infundada a los defensores de los pueblos del interior grande, postergados por los intereses concentrados del Puerto de Buenos Aires y los ganaderos bonaerenses.

Para una mejor ilustración, acudí al auxilio del Dr. Bernardo Salduna, vocal del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos y apasionado investigador. Salduna, en nota enviada al Foro de Asuntos Históricos dice: “La libre navegación de los ríos no es una bandera "liberal". Es una bandera "federal", el primero que la plantea es José Artigas en sus célebres "Instrucciones del Año 13".

También el Paraguay a quien ahogaba el monopolio comercial de la aduana porteña. La batalla de Obligado y las cadenas de Rosas al río Parana no es una "defensa de la soberanía” sino una defensa del puerto de Buenos Aires que el dictador quería que fuese el único autorizado a comerciar con franceses e ingleses. Urquiza logró estampar esa conquista en nuestra Constitución. Pero tarde, ya se había separado la Banda Oriental y el Paraguay. Y casi también la Mesopotamia. Es curioso que se hable del neoliberalismo de los 90. Porque el que gobernaba entonces es el Partido al cual pertenece el Sr. Piaggio”.

Como Piaggio cita al Sr. Mempo Giardinelli, buscando respaldo para lo que considera una cuestión de soberanía, nuevamente acudo a Bernardo Salduna quien le contestó al periodista y escritor en un artículo titulado “El Paraná y la lucha por la “soberanía”, publicado por Análisis Digital. Autorizado por su autor, me permito transcribirlo íntegramente:

“Me refiero al artículo que firma Mempo Giardinelli con el título “La Vieja Guerra del Paraná y la Soberanía”. No voy a opinar sobre la actual controversia sobre la Hidrovía. Pero creo que la referencia histórica que formula el prestigioso escritor, es errónea. No es verdad que existió una lucha por “soberanía”.

Ni sobre el Paraná ni ningún otro río navegable argentino. Desde la Colonia española, más propiamente , desde que se creó el Virreinato del Río de la Plata, el régimen impuesto por la Corona, determinó que Buenos Aires- a más del centro político y administrativo del poder- fuese el puerto exclusivo, habilitado para comerciar y controlar la entrada y salida de buques, en el río más ancho del mundo. Eso perjudicaba a las provincias del interior, obligadas a pasar sus productos por estas verdaderas “horcas caudinas”,-puerto y aduana- que se les quedaba con la “parte del león”.

Independencia paraguaya

Así, por ejemplo Paraguay: “El agua del Paraná –escribe un historiador paraguayo- sabía a lágrimas con su puerto preciso y sus aranceles. Muchos paraguayos preferían, no obstante los viejos rencores, entregarse al Brasil, antes que a Buenos Aires, cuyas armas además, por dos veces, habían ahogado en sangre sus rebeliones comuneras”. (1) Lo peor es que este sistema distorsivo continuó después de la Revolución de Mayo. Cuando la campaña de Belgrano al Paraguay, después de la batalla de Tacuarí, don Manuel firmó un Tratado con los jefes paraguayos. Además de retirar sus tropas, se comprometía a que Buenos Aires eliminara o al menos disminuyera, los aranceles aduaneros a la entrada y salida de mercadería a y desde Asunción. En especial, yerba, tabaco y maderas, principal exportación del pueblo guaraní. La Junta porteña no ratificó el acuerdo y encima mandó procesar a Belgrano. La consecuencia fue la Independencia del Paraguay. Respecto a España, sí, pero también su separación definitiva del antiguo Virreinato.

Las banderas de Artigas

Ese tema fue retomado luego por el jefe oriental José Gervasio Artigas. En las célebres “Instrucciones” a los diputados orientales a la Asamblea del Año 13 se proponía (además de la independencia, la república y el federalismo): “Que se habiliten como puertos con total libertad de comerciar los de Montevideo, Colonia y Maldonado”. “Que ninguna preferencia se dé, por cualquier naturaleza, a los puertos de una Provincia sobre otra”. El ideal artiguista proponía, entre otras medidas progresistas, libre navegación de los ríos interiores, y habilitación de puertos marítimos y fluviales en igualdad de condiciones para comerciar con el exterior.(2). Como es sabido, la famosa Asamblea del año 13, tan libertaria en otros aspectos, rechazó de plano a los diputados de Artigas y hasta metió preso a alguno de ellos. Después, hostilizaron y persiguieron de todas formas a Artigas hasta destruir su influencia y lograr su exilio definitivo.

El puerto y la aduana

El monopolio porteño del puerto y la aduana continuó, bajo regímenes unitarios o supuestamente “federales” como el de Juan Manuel de Rosas. Esto, como lo han señalado historiadores como Juan Álvarez, ha sido el principal motivo de las cruentas guerras civiles que demoraron nuestra organización nacional durante cuarenta años (3). Y que territorios que formaron parte originaria del Virreinato, como Paraguay y la Banda Oriental se separasen definitivamente del tronco común. Para que se tenga en cuenta el volumen de la distorsión hay que destacar que aún en 1860, mientras el presupuesto de Buenos Aires alcanzaba los 45 millones de pesos fuertes, el resto de las provincias no llegaba a tres millones.

El cierre con cadenas del Paraná, dispuesto por Juan Manuel de Rosas en la Vuelta de Obligado, así como las batallas que menciona el artículo de Giardinelli, no eran gestas “nacionales” (la nación todavía no existía) sino la defensa del monopolio porteño: Buenos Aires pretendía comerciar exclusivamente con ingleses o franceses, quedándose con las rentas de aduana de productos venidos en muchos casos de los pueblos del interior. Pero no querían que lo hicieran las provincias, en iguales condiciones, a través de los puertos de Rosario, Santa Fe, Diamante, etc. Los barcos de Inglaterra y Francia que pasaron después del combate de Obligado fueron recibidos como “libertadores” en Corrientes o Asunción. Los principios levantados por Artigas en 1813 “libre navegación de los ríos; aduanas nacionales con tarifa única; igualdad de puertos, etc.”, recién fueron plasmadas en normas al dictarse la Constitución federal de 1853 (arts. 9, 12, 26, etc.).

Resulta doloroso demoler mitos: pero eso de la “defensa de la soberanía” del Paraná, parece bastante endeble.

(1) Cit. por Efraín Cardozo, “Breve Historia del Paraguay”, EUDEBA, B.Aires 1965, pag.43.

(2) Reyes Abadie Washington, “Artigas y el Federalismo en el Río de la Plata”, Ed. Hyspamérica, B.Aires, 1986.

(3) Alvarez Juan, “Las Guerras Civiles Argentinas”, Ed. Kraft, B.Aires, 1960.”

Intento contribuir, Sr. Director, con este aporte para evitar que la confusión impere. No es con relatos que se educa y se consolida la cultura de las civilizaciones. La historia fiel y la verdad, son los pilares en los que se edifica la fortaleza de las naciones y los pueblos.

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