El salariazo policial y la puja sindical
Que las provincias hayan convalidado bajo presión subas salariales del 50% para los policías es algo que puede disparar reclamos sindicales explosivos, recalentando así la puja sectorial.La conclusión del salariazo policial es que resultará demasiado pedirle al resto de los gremios que encorseten sus demandas entre el 18 y el 20%, como pretendía originariamente el gobierno nacional.¿En qué medida la nueva situación hará recrudecer la lucha por el salario en todo el país? Cuesta imaginarse que los docentes y el resto de los empleados públicos, por ejemplo, acuerden porcentajes menores.La titular de la Federación de Educadores de Buenos Aires, Mirta Petroccini, ya adelantó que "se avecina un año de conflicto, pedimos paritarias libres, sin condicionamientos, sin topes ni decretazos y vamos por la recomposición del básico".Si hay quienes piensan que la masa de plata acordada para pagar a los policías ya está lejos de las posibilidades de los gobernadores, ¿cómo harán ellos para satisfacer las demandas del resto de los empleados públicos?Está claro que el telón de fondo de la puja salarial es el indetenible alza del costo de vida, consecuencia de un proceso que el gobierno eufemísticamente llama "variación de precios" para no mencionar la palabra "inflación".Las paritarias de 2014 amagan con ser las más complicadas de la última década. No sólo porque la inflación está comiendo aceleradamente el poder adquisitivo de los salarios, sino porque el mundo sindical luce fragmentado, con grupos que se disputan el liderazgo.La Confederación General del Trabajo (CGT), que reúne al gremialismo peronista tradicional, está dividida entre los sindicatos "oficialistas" bajo la conducción de Antonio Caló, y los que siguen al camionero Hugo Moyano.Desde 2010, en tanto, la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) también se partió en dos: los que están cerca del gobierno, y tienen de referente al docente Hugo Yasky, y quienes se pusieron en la vereda de enfrente, liderados por Pablo Micheli (ATE).Pero hay otro actor que está ganando protagonismo y que aspira a sacar provecho de la crisis social: la izquierda sindical de raíz trotskista, que desde hace años se fijó el objetivo de disputarle al peronismo el poder en los sindicatos.El trotskismo hizo una excelente elección en octubre con una coalición de tres partidos: Partido Obrero de Jorge Altamira, Partido de los Trabajadores Socialistas e Izquierda Socialista.Lo llamativo es que la denominada "izquierda combativa" sacó muchos votos en el interior (Salta, Mendoza, Chaco, Jujuy), un fenómeno sociopolítico inédito, que ha disparado varias lecturas.Una de ellas revela que esta propuesta crece producto del aumento de las poblaciones universitarias y la conurbanización de varias ciudades, junto a sectores de trabajadores y jóvenes que quieren romper con el orden "feudal".Pero el mayor avance de la izquierda radical ha tenido lugar en muchas seccionales y comisiones internas de importantes fábricas del país y en las universidades. Desde aquí sale un programa gremial radical: salario mínimo equivalente a una canasta familiar de 9.000 pesos, indexación trimestral de los salarios por índice bajo control obrero, duplicación de las asignaciones familiares, abolición del impuesto al salario, aumento a las jubilaciones y 82% móvil.La dura discusión salarial, expresada en la protesta policial, ha desatado así una puja entre actores que buscan posicionarse en el mundo sindical.
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