El shale y la seguridad nacional
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Desde su descubrimiento, el petróleo ha sido el protagonista de una historia particular: subas y bajas de precios, acuerdos de cartelización, intervenciones de grandes potencias en países de nuestra región y en Medio Oriente. Víctor Bronstein* Son todas discusiones que trascienden la cuestión económica. Esto sucede porque el gas y el petróleo son los recursos más importantes de nuestras sociedades, constituyendo el 56% de la matriz energética primaria mundial.Por eso, la necesidad por dejar de ser dependientes en materia de hidrocarburos no es por la cantidad de petróleo que consumimos o importamos, sino por su condición como recurso estratégico e irreemplazable que tiene para el transporte.Sin petróleo, no se puede producir alimentos en forma masiva, estos no pueden viajar desde los campos a la mesa, los insumos no pueden llegar a las fábricas, los productos no pueden llegar a los consumidores y los trabajadores no pueden ir a sus trabajos. Se para el mundo y colapsa nuestra civilización. Hasta tal punto es la dependencia que tienen nuestras sociedades del petróleo que si no existiera, deberíamos inventarlo, ya que posee cualidades energéticas únicas que las llamadas energías renovables no pueden suplir.En este contexto, garantizarnos el petróleo y el gas es una cuestión de seguridad nacional que trasciende la lógica económica. Así lo entendió, por ejemplo, EE.UU. donde la política energética depende de la Secretaría de Seguridad, la cual propició medidas para aumentar la producción, disminuir el consumo y garantizarse la disponibilidad de recursos a través de subsidios a la explotación local, la financiación de stocks estratégicos, el desarrollo de medidas de ahorro energético y la presencia militar en Medio Oriente. La oferta supera la demandaDesde los inicios de la era del petróleo, la oferta de crudo superó siempre a la demanda y las tensiones entre los países productores / exportadores y los consumidores / importadores eran fundamentalmente por el valor del crudo y cómo se repartía la renta. Pero en los últimos años, esta situación ha comenzado a revertirse. El petróleo convencional comenzó a dar signos de agotamiento y fue necesario ampliar la frontera hidrocarburífera con el desarrollo del off-shore de aguas profundas en Brasil, arenas empetroladas en Canadá, crudo ultra pesado en Venezuela y el shale oil y shale gas en EE.UU., y ahora en la Argentina.En 1985, Sheik Yarmani, entonces ministro de petróleo de Arabia Saudita, uno de los impulsores de la OPEP junto a su par venezolano Pérez Alfonso, declaró en un reportaje: "La edad de piedra no se terminó porque se hayan acabado las piedras", para vaticinar que la era del petróleo no iba a culminar por el agotamiento del mismo, sino que los avances tecnológicos iban a encontrar alternativas a esta fuente de energía.Sin embargo, hoy vemos que la civilización del petróleo entra en una nueva etapa de escasez y de conflicto porque algunos síntomas de agotamiento empezaron antes que las tecnologías para reemplazarlo. En este contexto, los recursos del shale trascienden sus potencialidades económicas para convertirse en garantes de seguridad nacional. *Director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad.
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