El siglo XXI: ¿ingreso al reino de “distopía”?
¿Qué puede esperarse del nuevo siglo? ¿Nos encaminamos a una era de prosperidad, paz y justicia? ¿O lo que viene es un mundo plagado de catástrofes y violencia?Habría dos actitudes vitales ante el decurso de la historia. Los optimistas están seguros de que todas las cosas llevan por sí mismo a lo mejor. Muchos de ellos están confiados todavía de que la ciencia resolverá los dilemas que hoy parecen insolubles.Enfrente están los pesimistas, para quienes las cosas pueden encaminarse fácilmente hacia lo peor. Son los que advierten los desastres acumulados por el sistema técno-económico vigente, y pronostican el caos.Hay una tendencia a creer que los dueños del mundo, o los que usufructúan de él, son optimistas por naturaleza, mientras los perdidosos del sistema incuban sueños de catástrofes.Las condiciones materiales de existencia, decía Carlos Marx, determinan la conciencia ideológica. Es decir, no es lo mismo mirar la realidad desde la abundancia y el lujo, que desde la miseria más espantosa.No es lo mismo participar de las bondades del poder político o económico, que estar en el llano. En este sentido, las doctrinas no suelen ser sino la justificación a posteriori de intereses económicos existenciales individuales o grupales.Siguiendo esta lógica, es esperable que en una ceremonia de las finanzas planetarias todo aparezca color de rosas, y se minimicen los conflictos del presente.Pero la información que viene de la última reunión del Foro Económico Mundial de Davos, que todos los años reúne a los miembros del establishment global, resulta disonante con esa creencia.Resulta que el séptimo informe que se leyó en la cumbre pinta un escenario más bien tétrico sobre la marcha del mundo. Al punto que allí se habla de "distopía".El término funciona como antónimo de "utopía" que fue inventada por Tomás Moro en 1516 para llamar a la isla ideal creada para su obra: "Del mejor de los estados posibles y de la Isla Utopía".El término es un compuesto de dos palabras griegas: "uo" (que significa No) y "topos" (que significa Lugar). Utopía, por tanto, equivale a "lugar que no existe", y de esta manera denota a una sociedad perfecta o ideal.Los planes utópicos han terminado, por lo general, en su contrario: en distopía, entendida como una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal.El siglo XX, con sus matanzas y asesinatos en masa y abominables regímenes totalitarios, fue el cementerio de ideologías que predicaron el fin del hombre alienado y redenciones sociales.¿Qué se lee, en suma, en el informe de Davos? Sus autores advierten que "la explosión de una población de jóvenes con escasas perspectivas, el número creciente de jubilados dependientes de Estados súper endeudados y el creciente foso entre ricos y pobres alimentan una distopía que, a falta de opción viable, puede traducirse en nacionalismo, populismo y proteccionismo" en un mundo que tiene grandes dificultades para superar la peor crisis económica de los últimos 80 años.La visión temerosa y sombría de los hombres de negocios, se complementa con la de aquellos que, como el sociólogo alemán Harald Welzer, vaticinan un escenario de lucha despiadada por los recursos naturales del planeta, que conducirá a un clima de violencia a gran escala.En el libro de Welzer, "Guerras climáticas, por qué mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI", se leen párrafos que, podría decirse, justifican aquel grito del actor Groucho Marx: "¡Paren el mundo, me quiero bajar!".Bienvenidos a "distopía", entonces.
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