El sistema de bienestar cruje en la vieja Europa
La economía del continente europeo, hoy en proceso recesivo, agrava los problemas estructurales de una sociedad que acumula fuertes desequilibrios para el futuro.La creciente masa de jóvenes desempleados, que no sólo afecta a los países más pobres del sur del bloque, sino también a la Europa "rica" del norte, dinamita las bases del estado del bienestar, cuya piedra de toque es el sistema de pensiones.El Banco Mundial (BM) estima que la fuerza de trabajo del continente se reducirá en 50 millones de personas en los próximos 50 años. La pregunta es, ¿cómo se hará para mantener una población envejecida, como la europea?El problema no son Grecia ni España, hoy consideradas las dos ovejas negras del capitalismo europeo, y en donde uno de cada dos jóvenes no tiene trabajo.De la crisis no se salvan ni los países nórdicos, que suelen presentarse como modelos de desarrollo social. La propia Bélgica tiene, en el mundo industrializado, uno de los porcentajes más altos de gente joven que no tiene empleo, según la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica.En la rica ciudad portuaria belga de Amberes, una cuarta parte de los jóvenes de entre 18 y 25 años está desempleada. En tanto, en algunas partes de Bruselas, la rica capital de la Unión Europea (UE), la desocupación juvenil llega al 40%.En Francia, Gran Bretaña y Suecia, uno de cada cinco jóvenes está ahora sin empleo. En el sur de Europa la situación es peor. En Italia, por ejemplo, el desempleo juvenil no ha bajado del 20% en más de 20 años."La gente joven está siendo marginada, y eso conlleva enormes consecuencias económicas", ha dicho Francis Robert, un experto en empleo en Bruselas.Esta aseveración se vincula a la imposibilidad de financiar, hacia adelante, el sistema de la seguridad social, un invento reciente dirigido a mitigar los desequilibrios sociales inherentes al capitalismo.Hasta el siglo XX los países tendían a cobrar impuestos a sus ciudadanos únicamente con el fin de protegerlos de la delincuencia y una posible invasión.Sin embargo, tras la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión, países como Estados Unidos y Gran Bretaña se convirtieron en "estados del bienestar", en los que los impuestos se emplearon para sostener a viejos, débiles, desempleados y enfermos.De esta manera, los ciudadanos de un país deben contribuir a un fondo general cuando tienen trabajo y gozan de buena salud y, a cambio, ese fondo los ayudará a mantener su bienestar cuando estén enfermos, sean incapaces de trabajar o quieran jubilarse.El sistema funcionó de forma excelente en los años de la posguerra. El aumento de la población, provocado por la explosión de natalidad en esa época (el denominado "baby boom") proveyó abundantes trabajadores jóvenes, quienes pagaron sus contribuciones sociales.Sin embargo, la crisis de fertilidad, la disminución de la población económicamente activa, el desempleo y la longevidad de la sociedad, han destruido las bases financieras de la seguridad social europea.La jubilación se planificó en los '50 para individuos que vivirían algunos años después de dejar el trabajo. Pero no se previó que la medicina agregaría tantos años a la vida, y que esa persona beneficiada con una jubilación tendría tres o cuatro décadas por delante.Para ampliar la base de aportantes al sistema, los países europeos permitieron que más inmigrantes lleguen y trabajen. Pero el crecimiento económico menor de estos años, con su secuela de desempleo, sobre todo en la población juvenil, desalentó el ahorro destinado a la seguridad social.
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