El sistema mundial ante el costo de los alimentos
El alza de los precios agrícolas, que beneficia a países como Argentina y Brasil, genera intranquilidad en el establishment mundial, al cual le preocupa que socave la estabilidad social de varios países.Hay consenso en la superestructura del poder global respecto de que la carestía de los alimentos es uno de los factores que alimentaron las recientes revueltas masivas y la inestabilidad política en países de Medio Oriente y el norte de África.El presidente del Banco Mundial (BM), Robert Zoellick, ha venido advirtiendo a los ministros de Finanzas del G-20 que el mundo está llegando a un "punto peligroso", lo que podría acentuar la inestabilidad política.De hecho en los próximos dos años, "podrían producirse disturbios, podrían caer gobiernos y las sociedades inclinarse al desorden", fue el tétrico pronóstico lanzado por Zoellick."Necesitamos ser sensibles y estar alertas sobre lo que está pasando con los precios de los alimentos y su efecto potencial en la inestabilidad social", dijo el responsable del Banco Mundial.En consonancia con esto el G-20, que reúne a economías ricas y emergentes (incluida la Argentina), decidieron en París adoptar un "plan de acción" para luchar contra la volatilidad de los precios agrícolas.De repente emergió el problema de la "seguridad alimentaria" ante la perspectiva de tener que alimentar a 9.000 millones de personas en el año 2040.La disparada de los precios de los commodities alimenticios genera un cuadro de carestía global que amenaza al sistema mundial. Las fluctuaciones del trigo, por ejemplo, son emblemáticas.Pasó de 200 dólares la tonelada en julio de 2010 a más de 400 en febrero pasado, para caer a 324 dólares actualmente. Cuando las rebeliones en los países árabes empezaron a estallar, el trigo venía de una suba anual de 130% y el precio del arroz se había duplicado en Asia.Sin embargo, los operadores de granos piensan que es poco lo que se puede hacer para alterar la realidad de los mercados. Y por eso reaccionaron con indiferencia ante los intentos reguladores del G-20, según el analista Héctor Huergo.Allí empieza la polémica. Están los que creen que la inflación de los alimentos es producto de una especulación típica de los operadores del mercado, similar a la que se verificó en el sistema financiero, y que condujo a la crisis de 2008.Otros, como Huergo, estiman que los commodities aumentan por exceso de demanda: hay más compradores que vendedores. "Después de muchas décadas de excedentes enormes y de precios deprimidos, que golpearon duramente en economías de base agroindustrial como la Argentina, en los albores del siglo XXI la humanidad se ve sorprendida por el paradigma de la escasez", escribió Huergo.En su opinión, y en la de muchos analistas, las razones que provocaron que los granos estén en nuevos pisos de precios tienen que ver con la transición dietética de los asiáticos y el alza del precio del petróleo.Frente a este cuadro de escasez, motorizado por la demanda, la lógica capitalista sugiere aumentar la producción de granos. Ese habría sido el planteo que habría hecho el ministro de agricultura argentino, Julián Domínguez.Pero nada es tan lineal. Nada menos que el presidente de la multinacional Nestlé, Peter Brabeck, advirtió hace poco que los gobiernos deben dejar de promover los biocombustibles si quieren evitar la suba de los alimentos.El diagnóstico de Brabeck es que los biocarburantes crean una demanda inédita de materias primas agrícolas. Su elaboración requiere de toneladas de cultivos que en vez de alimentar a la población nutren motores.
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