El Sol del 25…
... viene asomando.Por Monseñor Jorge Lozano OpiniónSolemos decir que "vivimos el día", apurados. Así, corremos el riesgo de pasar de largo no sólo en los detalles, sino también en las cosas más importantes. Pasar por la superficie sin adentrarnos en otras presencias.Estamos ya en las celebraciones del Bicentenario. Y es bueno no pasar por encima algunos elementos importantes de estas fiestas.Reconocemos en los acontecimientos de la llamada "Semana de Mayo" en torno al Cabildo abierto de Buenos Aires "el primer grito de libertad para nuestra patria" ("Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad 2010-2016", Conferencia Episcopal Argentina, 14-XI-2008, N° 7)."Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia" (íd. 9)En el mes de Marzo, una declaración de los obispos argentinos se titulaba "La Patria es un don. La Nación una tarea". Así se expresaba la necesidad de un sentimiento de gratitud por el don recibido, esa dimensión de herencia que tiene este presente. El Te Deum es oración de acción de Gracias a Dios por sus dones, por aquellos hombres y mujeres que dieron forma concreta a un espíritu libertario creciente. Mirarnos como parte de un pueblo en su historia nos ensancha los pulmones para llenarlos de aires antiguos y nuevos. Nos libera de lo fugaz del momento presente y nos muestra nuestra vocación peregrina.Podemos decir que así como la Patria es un don, es también una vocación. No es un don estático y acabado, sino una riqueza a desplegar.Perder la memoria siempre lleva también a perder el rumbo. El camino recorrido y el horizonte al cual nos dirigimos se unen en este punto que es el presente. Hoy se abrazan en nosotros pasado, presente y futuro, como dimensiones inseparables del caminar de un Pueblo.Hay dos fechas significativas, podríamos decir emblemáticas para los Argentinos: el 25 de Mayo de 1810 y el 9 de Julio de 1816. La distancia de 6 años y 1.193 km entre el Cabildo de Buenos Aires y el Congreso de Tucumán, no nos pueden distraer de considerar estas fechas como un proceso vivido, un camino de maduración histórica de los acontecimientos (cronología, geografía, sociedad). Por eso, teniendo en cuenta la naturaleza de los sucesos históricos, en la Conferencia Episcopal Argentina hemos resaltado la vinculación entre 1810 y 1816, para que del 2010 al 2016, también podamos proponernos un proceso de maduración social: "erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral" (íd. 5). Aprovechar el sexenio para que la celebración del Bicentenario nos ayude a crecer en Justicia y Solidaridad.Aquellos ideales de libertad fueron alentados por numerosos sacerdotes y religiosos. La predicación en los templos, el lugar de los capellanes de hombres de armas, la participación en Cabildos, Congresos, asumir cargos públicos, fueron signos elocuentes de adhesión del clero a la Revolución y compromiso en su afianzamiento. Los líderes de los procesos revolucionarios fueron laicos formados en su mayoría en escuelas y universidades de Congregaciones Religiosas. La fe estaba instalada en las motivaciones profundas de los "Padres de la Patria". Y también en el "bajo pueblo" —que nos recordaban en una reflexión hace unos días los sacerdotes que trabajan en las Villas de Emergencia de la Ciudad de Buenos Aires— que le daba rostros, brazos y firmeza a la determinación de los sueños de libertad compartidos entre aquellos que tenían en sí mismos la semilla plural y multiétnica de la argentinidad recién nacida.¿Será que, como dice Charly García, "estamos buscando un símbolo de paz" y con esta fecha bicentenaria tenemos el mejor de los motores para encontrarlo?Hoy en la Iglesia celebramos el día de Pentecostés, fiesta del Espíritu Santo. Él es quien nos renueva en la Esperanza y nos hace generosos en la escucha de quienes piensan distinto, en el encuentro con los que nos parecemos, en la convivencia armónica entre los hermanos que habitamos este mismo suelo que empieza a vivir la Fiesta del Bicentenario.¡Y que viva la Patria! * Obispo de Gualeguaychú y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
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