El suplicio de un turista
Y de todo viajero que ingrese por y desde el puente de la ciudad de Zárate. Más allá de la existencia de cuestiones mucho más importantes y trascendentes de la vida, estas "pequeñeces" están definitivamente incorporadas al incordio, las molestias y algunas otras cuestiones, que elevan la temperatura de quiénes desde allí, el peaje de Zárate, tienen por delante varios kilómetros por recorrer.Por Gustavo CarboneDirector de Diario El DíaHagamos un breve repaso y las secuencias de lo que le tocó vivir, y sufrir, a alguien que vino por cuestiones de negocios hasta Gualeguaychú. Y por supuesto no quiso perderse una recorrida turística en un par de jornadas por la ciudad y sus atractivos, Carnaval del País incluido.Del box número dos del peaje en Zárate, elegido por tener su paso descubierto de autos en espera, al contrario del resto donde esperaban en fila cinco vehículos en una y siete en la otra boca de paso hacia el puente, salió directo a un control de Gendarmería. El primero de una serie posterior de supervisiones de esa fuerza de seguridad, y varias más policiales entrerrianas. Entre unos y otros suman casi 10 hasta Gualeguaychú.En realidad, nos decía este amigo, es grande la diferencia de trato cuando a uno le toca hablar con los gendarmes. Dotados de una muy buena educación, que seguramente los forma como verdaderos "Servidores Públicos", uno se siente cómodo con el requerimiento. Y muy tranquilo.Cumplido el trámite, rápidamente se pone en marcha. A unos 15 kilómetros de allí, existe en medio de la Isla Talavera, otro control de Gendarmería que está allí fundamentalmente para apoyo y operación en circunstancias especiales de accidente o fuego en los campos.En definitiva, una vigilancia discreta y también una acción muy efectiva cuando se requiere su participación.Al salir del segundo puente, otro puesto de Gendarmería, de condiciones similares al anterior. Diez kilómetros más adelante, la caminera de Brazo Largo (Policía de Entre Ríos).En muchas oportunidades, el personal arriesgando sus vidas en la ruta, pero también la de quienes viajan en un incesante flujo de vehículos. Se paran en la mitad de la autovía y realizan señas para detener, casi siempre al boleo, autos, camionetas o camiones, que terminan frenando bruscamente por no entender las confusas órdenes que los policías dan para que alguien detenga la marcha.Allí hay algunos pocos exponentes de la mala educación que hacen con el destrato a quienes viajan sentirse como si fuesen verdaderos delincuentes. Ni buen día o un saludo correcto para con el ciudadano detenido que es quien contribuye a pagar su sueldo, con impuestos.Por suerte existen ejemplos de otra parte del personal policial caminero que cuando detecta ese destrato por parte de alguno de sus compañeros, pone paños tibios en las nerviosas e inadecuada circunstancias a la que algún extraviado nos lleva.Cuando a uno lo paran, se le suman los minutos de una tranquilidad y desgano en la solicitud de la documentación y "otras yerbas".En fin, si empezamos a sumar tiempos entre Zárate y Gualeguaychú, con los dos controles con detención del vehículo, ya se suman al menos 10 minutos extras. En menos de treinta kilómetros recorridos.Sigamos viaje. Dispuestos al suplicio, nos empezamos a enfrentar con las camionetas Renault que aparecen como hongos desde el río Paranacito, en casi todos los retomes de la autovía. Con la trampa de los carteles de velocidad máxima permitida: 100km/h, en 50 metros de recorrido 60km/h, luego 40 km/h, que son la pantalla para escrachar al desprevenido.Pero lo más grave es lo que nosotros podríamos titular, "Crónica de un grave accidente anunciado". El que ve los carteles y viene viajando a la velocidad permitida de 120 km/h, frena de golpe y será seguramente mucho antes que después, motor de un grave accidente.Esas camionetas blancas, recaudadoras exclusivas vaya a saber para quién, fichan y fichan, pasando el puente del cruce en el que arranca la ruta nacional 14, en Ceibas mismo.Luego 15 km. más adelante, otra camioneta blanca en zona de Perdices.Posteriormente antes de Sarandí una más, como si las cuatro ó cinco anteriores fueran pocas. Así se llega al Acceso Sur de Gualeguaychú. Quien no conoce mucho el lugar, como dijimos el domingo anterior, se lo traga. ¿A dónde va a parar? Al acceso de Urquiza al Oeste. Allí espera un puesto policial entrerriano. Otro más.Nos contó precisamente una persona de nacionalidad brasilera, que días pasados la retuvieron allí por "venir transgrediendo la reglamentación del viaje con luces". Por cierto que era de día y la luz baja tiene que encenderse por ley. Pero asegura esta persona que de entrada, le dijeron que venía con las luces de posición apagadas. Ella insistió que automáticamente las enciende a esas luces en ruta y ciudad. Le dijeron que la multa era de $1070. Si la abonaba al contado baja a $290. Cifra que abonó de contado y contra recibo oficial de lo abonado. Pero ¿era cierto que la multa era $1070 originariamente, o es una técnica intimidatoria que pone incómoda a la persona que sufre las presiones, muchas veces abonadas con destrato y mala educación como agregado?En definitiva, alguien que tuvo la suerte de zafar de "la bonaerense" famosa y cayó a Entre Ríos, la que abre las puertas a la demora, a la pérdida de tiempo inútil para quienes vienen de buena voluntad a la provincia, por paseo, por negocios o sólo por la necesidad de viajar y hacer lo que tenga ganas, está casi inevitablemente destinado a estos episodios.Lo que sí estamos seguros, que así, con tres o cuatro controles de parada, más cinco o seis de agazapados y escondidos radares para pescar incautos, las ganas de venir, se van... Ya saben ustedes a qué lugar.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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