El tabú del fracaso en la universidad argentina
El nivel de graduación en nuestro país es uno de los más bajos del mundo: 8 de cada 10 ingresantes a la universidad quedan en el camino. La sociedad, a través de sus impuestos, paga este fracaso.Hace un cuarto de siglo la universidad pública argentina muestra cifras desoladoras en materia de deserción, y todo indica que a ningún gobierno le interesa el problema.Hace poco, el diario Perfil actualizó los datos del fenómeno. Son cerca de 300.000 los jóvenes que terminan la secundaria y desean ser universitarios y obtener un título.Esta tasa de pasaje es la más alta de Latinoamérica. Sin embargo, el 20% de ellos abandona antes de rendir el primer examen y el resto aprueba alguna materia pero no llega al año siguiente.Antes del segundo año de la cursada, la mitad abandonó. Y en el tramo final la cosa es peor: sólo obtiene el deseado título universitario el 20% de quienes ingresaron.Hace poco Alieto Aldo Guadagni, en un artículo aparecido en el diario La Nación, informó que Brasil tiene cuatro veces más estudiantes que la Argentina, pero sus graduados son doce veces más numerosos que los nuestros.Chile, con la quinta parte de estudiantes, tiene una graduación igual a la mitad de la Argentina. Tanto Brasil como Chile y México, triplican la eficiencia en la graduación de nuestras universidades estatales.Guadagni sostiene que Argentina no resiste la comparación con Japón o los países desarrollados, donde se gradúan normalmente entre el 70% y el 90% de los estudiantes.Pero el país también está retrasado en relación con nuestros vecinos, que gradúan más de 60 de cada 100 alumnos ingresantes (aquí apenas 20 de cada 100).Argentina es uno de los pocos países en América Latina, junto a Uruguay, que reinvindican el ingreso irrestricto como bandera democratizadora que permite al acceso a los estudios superiores a todos.La pregunta es: a la vista de los resultados, ¿se puede considerar que estas políticas son equitativas y correctas? Juan Carlos del Bello, actual rector de la nueva Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), dijo lo que nadie se atreve a decir."El principal problema de la universidad argentina es el ingreso, pero hablar de esto parece ser tabú. Las demandas democratizadoras de la sociedad llevaron al ingreso irrestricto. Y plantear algún tipo de selección resulta políticamente incorrecto. Entonces no se habla, se esconde el problema debajo de la alfombra", explicó a Perfil.Y agregó: "En una reunión reciente con el ministro (de Educación) Alberto Sileoni, los rectores le pedimos que se asumiera este tema a nivel nacional porque la crisis es estructural y viene de la secundaria".Bello instala, así, una teoría para explicar la mediocre performance de la universidad argentina: el bajo nivel intelectual de los ingresantes argentinos.Es decir, chilenos, brasileños y demás, llegan con mejor bagaje cultural a los estudios superiores, con mayor competencia en ciencias, y un hábito intelectual adecuado para afrontar las exigencias universitarias.Esto se echa de ver en las evaluaciones internacionales -donde el nivel de los alumnos secundarios argentinos es bajísimo-, y en los bochazos que cosechan cuando ingresan a la universidad.Según Guadagni, esto se agrava ante el hecho de que Argentina no tiene una Prueba de Selección Universitaria (PSU), como sí tiene Chile desde la década del '60, y que es utilizada por todos las universidades para escoger a sus postulantes (algo parecido hay en Brasil).Esta prueba vigoriza lo aprendido durante toda la educación media, agrega esfuerzo y competencia a los aspirantes, e introduce el principio del premio al mérito al sistema educativo.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

