El talento individual y el factor colectivo
La noción de talento está vinculada a la aptitud innata o a la creación. Es la capacidad para ejercer una cierta ocupación o desempeñar una actividad. ¿Es la Argentina un país que no logra potenciar sus talentos individuales para hacerlos colectivos?Cierto narcisismo criollo vive de la creencia de que los argentinos somos seres extraordinarios. Cognición que choca con una mediocre performance colectiva, con la experiencia de un país que da menos de lo que promete ("Estamos condenados al éxito", se atrevió a decir un conocido político).Nuestro engreimiento nacional suele motivar la airada reacción de otros, quienes utilizan el humor para escracharnos. "Es negocio comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que cree que vale", es uno de los chistes característicos que hacen blanco en nuestro ego.La elección del cardenal Jorge Bergoglio como Sumo Pontífice fue un acontecimiento que alimentó el nacionalismo argentino. Pero en el exterior las cosas se ven distintas.Pasará a la historia la portada de un periódico de distribución gratuita en Colombia, que ingeniosamente aprovechó la ocasión para recordar la petulancia argentina, titulando esa noticia con la frase: "Argentino, pero modesto".Al margen de la percepción que se tiene del país internacionalmente, resulta llamativa la proliferación de talentos individuales en estas pampas, muchos de los cuales descuellan en el exterior.A algunos de ellos les cabe, como es el caso de Bergoglio, aquel dicho famoso de que "nadie es profeta en su tierra". En efecto, la mayoría acá desconocía las cualidades personales del cardenal, el cual de hecho era "ninguneado" por la Argentina oficial.Encumbrado en la alta dignidad eclesiástica, ahora muchos se "cuelgan" a la sotana blanca del argentino probablemente más importante de la historia del país, buscando mimetizarse con la popularidad global que concita su figura paternal.Otros dos personajes argentinos tienen alcance global: mientras el mundo del fútbol adora a Lionel Messi, acaso el mejor deportista en este rubro de todos los tiempos, los holandeses y buena parte de Europa admiran la personalidad de Máxima Zorreguieta, convertida en reina consorte de los Países Bajos.Pero la lista de los argentinos talentosos es extensa y abarca todas las facetas humanas: Jorge Luis Borges, Julio Cortazar, César Milstein, Luis Leloir, Bernardo Houssay, René Favaloro, Alberto Ginastera, Carlos Saavedra Lamas, Adolfo Pérez Esquivel, Lola Mora, Juan Manuel Fangio, Guillermo Vilas, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, María Elena Walsh, Julio Bocca, Daniel Barenboim, César Pelli, entre otras tantas figuras.La lista de talentos individuales lleva automáticamente a pensar que hay una disonancia entre ella y la Argentina colectivamente considerada. ¿Es que acaso los argentinos somos buenos sólo individualmente, mientras fracasamos fatalmente a la hora de asociarnos?¿Por qué esa energía creadora no ha logrado cuajar en una construcción colectiva, en el plano científico, educativo y de desarrollo económico social? Este tópico, en realidad, suele ser muy debatido públicamente y en la sobremesa de los hogares nativos.Hay quienes ven aquí, en esta diferencia neta entre los talentos individuales y la configuración colectiva, la gran paradoja de un país que encima ha sido bendecido con magníficos recursos naturales de todo tipo.Y creen que el día en que se logre sumar la voluntad creadora de muchos compatriotas (que brillar en su oficio y actividad), alrededor de una acción colectiva de envergadura, otro será su desempeño.
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