El tazón de madera
Dejarlos solos, abandonarlos en el último tramo de la vida es una falta muy grave de humanidad. Por Elsi Rodrí[email protected] Un proceso natural y biológico de la vida es llegar a la ancianidad. Signo evidente de una persona que ha aquilatado experiencia y ha logrado armar su proyecto de vida. Es la familia, conformada por hijos, nueras, yernos y nietos quienes deben contener y acompañar con generosidad y buen amor el último tramo que aún tiene por vivir ese abuelo o abuela. Cubrir de buen amor y agradecimiento a aquellos que nos precedieron, y que de una u otra manera procuraron dar lo mejor de sí para nuestro crecimiento como adultos, es afirmar las raíces de la familia. Es procurar sembrar las mieses que prenderán en nuestros hijos.Recuerda que los niños asimilan más lo que sienten, palpitan, observan y experimentan, que todo un cúmulo de palabras hilvanadas en un sermón. ------------------------------------------------------------------------ El tazón de madera Un anciano se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años, ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban.La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacía que el alimentarse fuera un asunto difícil.
La comida caía de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba líquido sobre el mantel.El hijo y su esposa se cansaron de la situación. "Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina; mientras que ellos lo hacían en la mesa principal del comedor. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera.De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo; sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigían, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.La niña de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hija estaba jugando con trozos de madera en el suelo y le preguntó dulcemente: - ¿Qué estás haciendo?. Con la misma dulzura la niña le contestó: - Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes puedan comer en ellos. ----------------------------
La comida caía de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba líquido sobre el mantel.El hijo y su esposa se cansaron de la situación. "Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina; mientras que ellos lo hacían en la mesa principal del comedor. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera.De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo; sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigían, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.La niña de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hija estaba jugando con trozos de madera en el suelo y le preguntó dulcemente: - ¿Qué estás haciendo?. Con la misma dulzura la niña le contestó: - Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes puedan comer en ellos. ----------------------------
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