El tiempo corre y el peronismo debe definir qué cara va a mostrar
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El reloj de arena de la política se acelera. Es el tiempo que empieza a acosar al peronismo y sus múltiples caras para definir un candidato. Si eso no pasa, la figura de Cristina volverá a imponerse por su propio peso. ¿Será la solución o el fin de las posibilidades de volver al poder el año que viene?Por Jorge BarroetaveñaNo fue llamativa la definición conjunta de Miguel Ángel Pichetto y de Juan Manuel Urtubey. Cristina, vociferaron ambos va a ser candidato a presidente. El mensaje no fue sólo para el mundo externo sino, sobre todo, para el ombligo interior de ese amplio universo llamado peronismo. Es que la ex presidenta es para ellos como el cuco que se esconde atrás de la puerta y está dispuesto a aparecer cuando lo llamen. O cuando las circunstancias lo reclamen.Más allá de los derrapes oficialistas a la hora de gobernar, su presencia sigue siendo determinante en la vida de la oposición. En silencio o a los gritos, en cualquiera de esos modos.Por eso, el peronismo que ya no la quiere, debe encontrar un candidato para encolumnarse detrás y decirle a la sociedad que dieron vuelta la página. Que su propuesta será superadora de los 12 años de kirchnerismo y los cuatro de macrismo. Que el verdadero peronismo es el que vive en ellos y no en los pliegues de la izquierda medio ciega que todavía rodea a Cristina.Entre Massa, Urtubey, Uñac, Schiaretti. Perotti de Santa Fe o hasta el mismo De la Sota, debería alumbrar ese nombre que le permita al peronismo no K volverse atractivo a los ojos de una sociedad que critica a Cambiemos pero todavía busca una alternativa. Este fenómeno quizás se deba a la ausencia de candidatos claros. La imagen presidencial viene cayendo sostenidamente desde fines del año pasado, pero ningún opositor ha sido capaz de capitalizar esa merma. Cristina conserva su base histórica, con piso alto pero techo bajo, que la vuelve mala candidata para una segunda vuelta. A dirigentes como Urtubey o Uñac les falta instalación y para eso se necesita tiempo, algo que corre veloz e implacable.En ese delgado desfiladero se mueven los referentes de este sector del PJ que busca diferenciarse de Macri y al mismo tiempo enterrar definitivamente las pretensiones políticas de Cristina que está en todas y cada una de sus conversaciones. No por su futuro sino para saber qué tienen que hacer con ella.Las legislativas del año pasado demostraron que, solos, no les da el cuero para ganarle a Cambiemos. Por supuesto que un escenario de debacle económica puede alterar cualquier pronóstico, pero trabajar únicamente esa hipótesis sería subestimar la capacidad de maniobra del peronismo.En Buenos Aires, esa vasta provincia en la que deben hacer pie, hay algunos referentes. Randazzo o Solá podrían canalizar esa expectativa de enfrentar a Unidad Ciudadana y después pelearle mano a mano a Vidal la gobernación. Eso sin contar que muchos gobernadores siguen pensando en desdoblar las elecciones para evitar cualquier riesgo de arrastre. El año pasado fue una muestra lo que le pasó a Urtubey que su pelea con los K en Salta, le terminó costando la derrota.Claro que en una presidencial, con doble vuelta, los cálculos pueden ser diferentes y las especulaciones varias. No se trata sólo de saber quiénes tienen más chances de llegar al balotaje sino de ganarlo. ¿Tiene hoy el peronismo no K, más posibilidades de ganarle a Macri una segunda vuelta que Cristina? Hacia allí apuntan todas las miradas. Hoy, pese a todo, no hay encuesta que diga que Cristina le puede ganar a Macri un mano a mano en segunda vuelta. ¿Qué es más probable? Adónde irán los votos del que se quede afuera? Si son peronistas, ¿optarán por la ex presidenta o, con la nariz tapada, preferirán votar por Macri? Es innegable que, muchos de los votantes de Sergio Massa en 2015, fugaron hacia Cambiemos en la segunda vuelta. ¿Sucederá lo mismo o su desencanto y enojo con el macrismo podrá más?Ese universo de votantes tantea en la oscuridad buscando alguien que lo represente. El que le diga lo que quieren escuchar, será el beneficiario. Ese candidato todavía no asoma.El Presidente empezó la ardua tarea de reconstruir su credibilidad. Para eso no alcanzarán las palabras ni los diálogos por Instagram o las conferencias de prensa. Hacen falta hechos concretos vinculados a la gestión. Una economía con el 30% de inflación y tasas por encima del 40%, todos saben es insostenible en el tiempo. Esto es un desafío para lo que le queda de gestión y una encrucijada para la oposición. Es que al peronismo tampoco le conviene a esta altura sacudir demasiado el árbol. El incendio, desatado, se llevará puesto todo y nadie quiere agarrar un gobierno en llamas. Sea quien sea.Están los que fogonean y juegan con esta alternativa pero no se dan cuenta que, de suceder, nada quedará en pie.La arena sigue cayendo y el tiempo se agota. Unos deberán enderezar el barco y dar señales claras de dominio de la situación. Renovar el aire y regenerar las expectativas que los llevaron al poder. Otros, demostrar que cambiaron, que aprendieron de sus errores y que comprenden las nuevas demandas de la sociedad. ¿Podrán?
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