Opinion |

El trabajo es esencial para las personas

El hombre es persona. Por un lado tiene un sentido trascendente, cuyos anhelos van más allá de lo inmanente, lo material. Somos seres creados para lo infinito. A su vez, es un ser social, en búsqueda de comunión con los demás. Ser parte de una sociedad no es una cuestión de necesidad utilitarista, sino que nuestra realización y plenitud no la podemos entender si no estamos junto a otros. Nuestro destino no es la soledad sino la comunión: en el cielo y en la tierra.

Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

En el Libro del Génesis, el primero de la Biblia, Dios dice “no es bueno que el hombre este solo” (Gn 2, 18). Y esta afirmación no se refiere únicamente a la necesidad de pareja y familia, sino también a lazos de amistad y compañía.

Esta dimensión social nos constituye, no nos destruye. Es parte de nuestra esencia vincular que no se agota en unos pocos familiares o en el propio barrio. Las experiencias más antiguas o primitivas de relación fueron los clanes. Pero a medida que siguió evolucionando la sociedad, el sentido de comunidad se fue ampliando. Se fue instalando el sentido de Pueblo. Es más: tendemos a una fraternidad universal (Derechos Humanos) en la casa común, en concordancia y armonía con nuestra Madre Tierra.

Por eso debemos cuidarnos del individualismo autorreferencial que nos vuelve encerrados en el propio mundo y agresivos con los demás y el ambiente. Algunas expresiones lamentablemente extendidas pintan estas actitudes egoístas: “Si yo estoy bien, todo está bien”. “Con mi vida hago lo que quiero.”

Es importante que las relaciones sociales se funden en esta mirada trascendente y comunitaria de la persona. Un sistema que tenga como única norma la rentabilidad y la eficiencia despersonalizada dejará afuera a quienes menos puedan, ya sea por su edad, cultura, historia, capacidades desarrolladas, nutrición desde la infancia…

Si en el centro de la sociedad y la economía están las personas nos organizamos de una manera coherente con ello. Si el dinero es el que gobierna, la organización social es distinta. Y del modo en que se resuelven o explicitan estas cuestiones de base depende el lugar que se le da al trabajo, a las personas que los realizan, al ambiente.

El lema impulsado hace muchos años en los santuarios dedicados a San Cayetano expresa “pan y trabajo” y se explica que el pan que llega a la mesa sin el trabajo puede ser clientelismo o dádiva que ofende; pero también decimos que el trabajo que no alcanza para el pan (alimento, cultura, educación, salud…) es señal de explotación y opresión. Muchas veces hemos dicho que el camino para salir de la pobreza es el trabajo debidamente remunerado. Podemos (entre otras) hacer dos consideraciones: el trabajo y la persona, y su vínculo con la sociedad.

Acerca del primer aspecto, decimos que la persona se realiza por medio del trabajo, expresa su creatividad, despliega sus cualidades. Además es el medio para alcanzar el sostenimiento económico digno de la propia familia.

Pero el trabajo también es un camino por el cual la persona participa en la construcción de la sociedad, junto con otros son artífices del desarrollo de un pueblo. Podríamos también reflexionar acerca del vínculo entre trabajo y cultura, pero lo dejamos para otra oportunidad.

El trabajo fortalece relaciones y vínculos sociales, nos da identidad de sector, y un sentido de pertenencia social. El trabajo “hace Patria”.

Son varios los grupos sociales especialmente afectados por la perversión del sistema económico y social. Quisiera señalar especialmente a los niños y las mujeres.

Las mujeres suelen cobrar menos que los hombres por el mismo trabajo. Su condición de madres hace que a veces no puedan acceder a trabajos debidamente registrados... En algunos espacios no se respetan sus derechos. En una sociedad con criterios machistas se tolera el maltrato y la violencia; y la injusticia e inequidad en las relaciones laborales. La persistencia de variadas formas de discriminación ofende la dignidad de las mujeres y las somete a la explotación y humillación. En algunos lugares del país los niños, niñas y adolescentes son explotados en trabajo rural o talleres clandestinos. ¿Por qué te comparto estas reflexiones? Porque en pocos días tendremos un evento importante en torno al trabajo.

El viernes 30 y sábado 31 de agosto realizaremos la segunda Semana Social en San Juan. El lema propuesto es “El Trabajo: esencial para la realización personal, fundamental para el desarrollo social, transversal para la calidad ambiental”. Las sesiones y paneles se realizarán en la sede del Consejo de Profesionales de Ciencias Económicas, Suipacha 377 Sur, Ciudad de San Juan. Informes e inscripción: www.semanasocialsanjuan.com.

Recemos por el desastre en la Amazonia y la pérdida de vidas humanas, biodiversidad y las consecuencias que caerán en las espaldas de los más pobres. Esta semana el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) indicó que los resultados de los incendios en la Amazonia son de “proporciones planetarias”, a la vez que “la esperanza por la cercanía del Sínodo Amazónico se ve ahora empañada por el dolor de esta tragedia natural”. La palabra del papa Francisco, quien convocó a este Sínodo para el próximo mes de octubre con sede en el Vaticano, fue actualizada por el CELAM cuando citó un fragmento de la homilía de inicio de su pontificado el 19 de marzo de 2013: “Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro”.

Y también quisiera citar a un científico (no recuerdo su nombre y me disculpo por eso) especialista en cuidado del planeta que escuché por radio al referirse al tema: “Desde Argentina no podemos hacer algo ‘físico’ por los incendios en la Amazonia pero sí mantener vivo el tema en nuestros espacios y a través de los medios de comunicación” elevando nuestra voz y mirada sobre la bella, generosa y castigada Amazonia.

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