El trabajo: su efecto sobre la vida psíquica
El hombre no puede estar ocioso durante mucho tiempo. Tiene que trabajar si no quiere enfermarse, se dice. Al propio tiempo, el mundo laboral deja secuelas psíquicas y físicas, según los expertos. ¿Se puede vivir sin tener una ocupación, sin hacer algo? Los argumentos a favor del trabajo fincan, justamente, en el hecho de que el hombre habría venido al mundo a transformarlo.La actividad, por tanto, sería lo que lo define. Nuestra civilización problemática y febril, como dice el tango, ha hecho un culto del trabajo. De ser una maldición bíblica, así, se ha trocado en voluptuosidad.Trabajar con todas las fuerzas únicamente por el amor al trabajo es, por lo demás, el programa de muchas vidas. En este contexto, la pereza es algo execrable, absolutamente inaceptable.Carlos Marx, que adhería a la teoría del homo faver (el hombre que hace o fabrica), veía sin embargo aquí la desdicha. En el sistema capitalista, el trabajador no hallaba felicidad en su tarea sino alienación.Al convertirse en una mercancía en manos del capitalista, el proletario "no se afirma en su trabajo sino que se niega, no se siente satisfecho sino infeliz, no desarrolla una energía física y espiritual, sino que debilita su cuerpo y destruye su espíritu", escribió el autor del Manifiesto Comunista.Desde esta denuncia de las condiciones de inhumanidad del primer industrialismo del siglo XIX a la actual situación laboral, han pasado muchas cosas. Aunque el capitalismo no ha sido desbancado, los trabajadores viven mejor, y de hecho se han "aburguesado" (no piensan en la revolución).Como sea, el mundo laboral ocupa una centralidad innegable en la vida de las personas, y por esto mismo la pregunta sobre la alienación que lo acompaña no pierde vigencia.Ese mundo no es neutral con respecto a la salud mental de las personas. Así se explicó en el 'Segundo Congreso Universitario de Psicología Aplicada al Trabajo', que tuvo lugar en mayo de 2013 en Buenos Aires, y del que participaron expertos internacionales.Uno de ellos, Christophe Dejours, titular de la cátedra Psicoanálisis-Salud-Trabajo en el Conservatoire Nacional des Arts et Métyiers (Francia), señaló que "el trabajo no es un decorado externo del funcionamiento psíquico individual".Sostuvo que en el mundo laboral existen las "relaciones de poder" entre los sexos y algunas mujeres, para escalar posiciones, toman una actitud viril. "Se da una pugna entre su identidad sexual y social. Pierden una parte de su feminidad".Es decir, el trabajo transforma a las personas, quienes dejan de ser lo que son. Además, está el "sufrimiento ético" producto de que los empleados tienen que "consentir prácticas impropias" para conservar su puesto.Esto conduce a "conflictos familiares, agotamiento, insomnio", aunque lo peor es que "las personas se traicionan a sí mismas". Por su lado Michelle Aslanides, especialista en ergomonía, sostuvo que "las personas sufren porque los valores de las empresas dejan de ser los suyos y se les aplican consignas de trabajo que no concuerdan con su manera de pensar".Comentó que "en determinadas empresas hay factores que son un caldo de cultivo para el sufrimiento derivado de la falta de reconocimiento al trabajador", al tiempo que algunas de las firmas toman medidas que llevan a los empleados a enfermarse.El trabajo, por lo visto, es una realidad ambivalente, donde la dicha de tenerlo suele ir acompañada de situaciones alienantes. Donde las gratificaciones suelen combinarse con penalidades.
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