El tren ¿vuelve o no?
La idea de poner en marcha a la red ferroviaria que unía a la Argentina -tras acusar al menemismo de ferricidio- ha quedado por lo pronto en una linda promesa.Fue uno de los caballitos de batalla del kirchnerismo en sus inicios: la reparación histórica del tren, símbolo del país productivo y federal. La vuelta al modelo ferroviario.Una reivindicación "nacional y popular" a un medio de transporte llamado a integrar a la Argentina, descoyuntada poblacionalmente en su vasto espacio geográfico.Después de que Carlos Menem cerrara gran parte de la red en los '90, era la oportunidad para que el "peronismo revolucionario" se encontrara con sus esencias ideológicas.Era volver, por otro lado, a ese intelectual de fuste que fue Raúl Scalabrini Ortiz, que a mediados del siglo XX explicó como nadie a los argentinos que sin ferrocarril no había desarrollo.Pero no. Ni hubo resurrección ni se sabe a ciencia cierta cuál será el destino del ferrocarril en Argentina. Un país cuyo sistema de transporte, en general, no resuelve sus necesidades geopolíticas.Diego Cabot, en un interesante artículo en La Nación, se pregunta cómo hacer para rescatar del colapso a los trenes suburbanos de pasajeros, atrasados tecnológicamente y que prestan un servicio malo.Y el otro gran tópico para un país de grandes distancias y donde su riqueza se genera en el interior, es la necesidad de recrear un transporte de carga acorde.Y ahí está el meollo de la cuestión. El tren es un medio de gran potencial para transportar bienes físicos (por ejemplo granos), y sin embargo su incidencia es prácticamente nula.La situación es de un absurdo mayúsculo. Sobre 500 millones de toneladas de producción, 375 millones se transportan en camión, 100 millones por ductos y alrededor de 25 millones en tren.Es decir, en Argentina sólo el 15% de la cosecha de granos se transporta en tren. En Brasil, en cambio, el ferrocarril lleva tres de cada 10 granos que se cosechan.En Estados Unidos, otro país de grandes extensiones, sólo el 7% del transporte de carga se mueve en camión. Antes estos números, cabe una pregunta: ¿a quién no le interesa que el tren transporte carga?La inquietud no es inocente. "Una de las principales razones es que en medio del desarrollo del ferrocarril de carga se han instalado el líder camionero Hugo Moyano y sus muchachos", razona Cabot, tras consultar a todos los actores del sector."Actualmente la gran mayoría de la producción se transporta en camiones que son mirados con simpatía por el poder central", explica el columnista. Ahí está la madre del borrego, como se dice.Hay una decisión política de boicotear al tren para quedar bien con un cacique sindical, devenido en garante de la gobernabilidad en Argentina, cuyo poder reside en el camión.Esto ocurre nada más que en Argentina. Con una agravante: esa decisión multiplica las muertes por accidentes en las rutas del país, una de cuyas principales causas es el congestionamiento derivado de la excesiva presencia de camiones que llevan cargas.No se descubre nada nuevo si como corolario de esta historia se concluye que aquí conservar el poder es más importante que desarrollar el país. Por eso para que el tren vuelva, la política en Argentina debería ser otra.Al juzgar el experimento kirchnerista, el pensador francés de izquierda Alain Touraine dijo: "Es una estructura del poder por el poder, y de política para los dirigentes políticos, sin más, sin un plan económico coherente de transformación".No habrá plan ferroviario para el país -como quería Scalabrini Ortiz- si la política no se libera antes de la lógica que la corrompe.
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