El tsunami por el escándalo de las coimas
El cuadernosgate, que destapó una red de sobornos que envuelve a ex funcionarios kirchneristas y a altos empresarios, ha producido un sacudón de proporciones, al punto que ya se habla del "Lava Jato" argentino.De hecho en Brasil compararon el escándalo argentino con la embestida judicial contra la corrupción encabezada por el juez Sergio Moro, que desató un terremoto político-económico en ese país.Ese proceso confinó a prisión al ex presidente Luiz Inacio Lula Da Silva y a referentes del empresariado, algunos de ellos emblemas del capitalismo brasileño, como Marcelo Odebrecht, titular de la constructora eje del escándalo de corrupción brasileño.En Argentina una decena de personas, entre empresarios y ex funcionarios de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003-2015), han sido detenidas en el marco de la causa donde se investiga una presunta trama de pago de sobornos para la concesión de obras públicas.Lo que resulta impactante es la proliferación de ejecutivos de empresas que, en condición de arrepentidos, admitieron haber pagado "aportes". Tal es el caso de Carlos Wagner, ex presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) y titular de Esuco, 9° contratista más beneficiada durante la década kirchnerista por 7.000 millones de pesos.Fuentes judiciales dejaron trascender que Wagner, arrepentido, contó ante la justicia cómo funcionaba "El Club de la Obra Pública", un sistema de cartelización de la obra pública mediante el cual un grupo de empresas se quedaba en forma alternada con los contratos mediante el pago de un "aporte" ante el Ministerio de Planificación Federal que comandaba Julio De Vido.Los montos del "adelanto" oscilaban entre el 10% y el 20% del total de la obra. Otro modo de entregar coimas consistía en "devolver" parte de lo que recibían por certificados de obra.Wagner explicó que en el Club de la Obra Pública se decidía qué tres empresas constructoras se presentaban a las diferentes licitaciones, se ponían de acuerdo con los precios que iban a ofertar y se decidía cual resultaría ganadora. Esa empresa era la que debía pagar las coimas por esa obra.Todavía resulta aventurado pronosticar cómo evolucionará el cuadernosgate, aunque su impacto político, institucional y económico ya se hace sentir con fuerza, ante una opinión pública sacudida.Existe la presunción de que el pago de sobornos en la obra pública es sólo una parte de una gran "maquinaria de la corrupción", montada y dirigida por Néstor y Cristina Kirchner, y que involucra otros ilícitos.De hecho, se estaría en presencia de un esquema de corrupción sistémica donde el Estado fue usado, desde su propia cúspide, para hacer negocios non sanctos, según se desprende, por otra parte, de la imputación que hace el juez Claudio Bonadío, a cargo de la megacausa.En el escrito sobre el cuadernosgate, el magistrado acusa a los indagados de formar parte de una "asociación ilícita" que "fue comandada por Néstor Carlos Kirchner y Cristina Elisabet Fernández".Esa asociación, dice Bonadío, "desarrolló sus actividades aproximadamente desde principios del año 2008 hasta noviembre del año 2015 y cuya finalidad fue organizar un sistema de recaudación de fondos para recibir dinero ilegal con el fin de enriquecerse ilegalmente y de utilizar parte de esos fondos en la comisión de otros delitos, todo ello aprovechando su posición como funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios


