El turismo local, una actividad sin techo
Con el paso del tiempo se ha convertido en el sector más dinámico de la ciudad. De hecho la inversión privada no ha hecha más que expandir el turismo en Gualeguaychú. Es llamativa la apuesta empresaria en el rubro. Quizá no se dé en la concreción de proyectos rimbombantes, pero es firme y constante. Ejemplo: en los últimos cinco años, la oferta de alojamiento hotelero creció un 50%.Se sabe, por lo demás, que los operadores turísticos reinvierten todos los años en sus propios emprendimientos. Son modernizaciones y ampliaciones que le agregan valor a la oferta.La ciudad, que tiene su fuerte en verano con el tradicional Carnaval, contará en 2012 con 25.000 plazas para alojar turistas, entre hoteles y residencias de todo tipo.Una oferta que se amplia con las 1.800 que ofrece Pueblo Belgrano, cuyo crecimiento edilicio el último tiempo ha sido impactante. Pese a esta infraestructura instalada, como ocurre para esta época, sobrevuela la hipótesis del desborde.Como ocurrió el verano pasado, cuando con ocasión del fin de semana largo por recuperación de los feriados de carnaval, la ciudad vio duplicada su población con la llegada de alrededor de 100 mil turistas.Mucha de esa gente debió improvisar camping en el Parque Unzué, debajo del puente y hasta en las veredas. Ergo: la explosión turística sobrepasó largamente la capacidad de alojamiento.Pregunta obvia: ¿por qué no ampliar más la oferta turística? La respuesta que viene dando el negocio es conocida: no se justifica porque esa oferta queda luego ociosa el resto del año.Para hacer rentable la actividad, para que muchos servicios se sigan manteniendo en pie, habría que lograr un turismo de todo el año. Este desafío, más el que plantea la necesidad de mejorar la calidad de la oferta existente, alimenta la presunción de que el turismo, en la ciudad y en la zona, da para más.Es decir, hay razones objetivas para pensar que se está ante una actividad que está subexplotada, y que necesitará en el futuro no sólo de más inversión sobre todo privada, sino de una gestión del sector más profesionalizada.¿En qué medida los cuellos de botella del turismo de Gualeguaychú -que parecen ligados a los del crecimiento- se resolverían mediante una planificación inteligente y creativa?La ciudad ha sabido aprovechar su extraordinaria ventaja geopolítica recreando un modelo turístico -que se sumó al agropecuario e industrial- del cual sin embargo se espera todavía mucho más.Hoy nadie discute la conveniencia de este modelo. El turismo es parte de una visión compartida de su dirigencia y de los vecinos. Se podrá discutir su aspecto, pero nunca su existencia.Este consenso doméstico se asienta en la firme creencia de que la actividad ha venido a mejorar la calidad de vida de los habitantes. El turismo, se sabe, atrae divisas, dando viabilidad económica a la ciudadEsta viabilidad se asienta, entre otras razones, en la capacidad distributiva de ingresos. En efecto, pocas actividades económicas reparten tantos beneficios entre tanta gente.Sin embargo, persiste este interrogante: si como se cree la actividad no tiene techo, sigue teniendo potencial, ¿cuál es el salto de calidad que hay que dar? Una solución podría ser dejar que las cosas sigan su curso, con el argumento de que mal no nos está yendo.Pero esto sería confiar demasiado en la teoría de la generación espontánea. Por lo demás, iría contra la tradición histórica de una comunidad que, en lugar de quedarse en una actitud pasiva, ha sido protagonista de su desarrollo.
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