El urbanismo incuba sus propias dolencias
Hay una relación indudable entre la salud y el lugar en el que se habita, conocida ya desde hace largo tiempo. El imparable urbanismo, en ese sentido, supone el riesgo de padecer determinadas enfermedades.La tendencia creciente de concentración geográfica en las ciudades se originó a partir de la búsqueda de la población rural de una forma de vida más saludable y rica en todo sentido.Se asocia esta migración interna con un mejor acceso a los sistemas de saneamiento ambiental y la posibilidad de un disfrute de servicios educativos y de salud de más calidad.Pero el proceso de crecimiento rápido y descontrolado de los núcleos urbanos planteó otros problemas de salud pública. Por ejemplo la proliferación de enfermedades contagiosas transmitidas por roedores y otras plagas.Las condiciones insalubres asociadas a aguas residuales y desechos, o la exposición a contaminantes ambientales, fueron fuente de infección durante la sociedad urbana del siglo XIX.Aunque la planificación urbana y de recursos -por ejemplo en lo que hace a la gestión de los residuos contaminantes y las aguas residuales- ha solucionado varios problemas, la expansión del ambiento urbano trae consigo sus riesgos de salud pública.Se trata de un tópico de máxima actualidad y trascendencia a partir del hecho de que más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. Y según las proyecciones, para 2050, el 70% habitará en las urbes.La población urbana está continuamente sometida a presiones y tensiones: caos urbanístico, viviendas deficitarias en calidad y cantidad, hacinamiento, aglomeración de tránsito, ruido y smog industrial, entre otros factores.Determinadas configuraciones urbanas acarrean un aumento de la contaminación, a partir de la degradación del aire, del suelo, y del agua, repercutiendo en las necesidades sanitarias de la salud.Además, dentro de la llamada "ecología urbana" el tema de la salud mental del habitante de las grandes ciudades es hoy una preocupación central. Las razones de ese enfoque se fundan en la forma en que discurre la vida humana en las áreas densamente urbanizadas.Se cree que el ser humano que compite por el espacio, el puesto de trabajo y el consumo con sus semejantes experimenta con frecuencia un ingrato sentimiento de aislamiento social y vincular, aunque viva rodeado por una multitud.Por otra parte, las personas que viven en ciudades suelen desarrollar determinadas patologías. Tal es el caso de la diabetes, uno de los principales problemas de salud del siglo XXI.El urbanismo es ante todo un estilo de vida caracterizado por alimentación inadecuada, exceso de peso y sedentarismo, factores que aumentan la posibilidad de sufrir diabetes.La periodista Nora Bär, del diario 'La Nación', en un reciente artículo titula: "La diabetes se muda: en las ciudades, el riesgo de padecerla aumenta de 3 a 5 veces".Sobre la base de datos aportados por la Federación Internacional de Diabetes (IDF), sostiene que dado que la urbanización de la humanidad es un proceso imparable, se considera a esta enfermedad "un tsunami en cámara lenta"."Calculamos que en 2035 habrá 592 millones de personas viviendo con diabetes, un aumento del 55%", dijo sir Michael Hirst, presidente de la IDF. Los médicos recalcan que actualmente el 46% de los pacientes no fueron diagnosticados.La vida urbana moderna, en suma, con sus sorprendentes avances tecnológicos y las posibilidades de bienestar que ofrece, favorece sin embargo determinado tipo de dolencias que deben ser prevenidas y combatidas.
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